Por: Gonzalo Silva Rivas
Notas al vuelo

Sobre proyecciones

El recién nombrado director de la Aerocivil, Juan Carlos Salazar, llega con las zapatillas puestas para correr una contrarreloj de cinco meses, que es lo que queda del actual gobierno. Aunque es breve el tiempo para hacer gestión en una entidad donde suele hacerse política, entra dispuesto a definir y planificar prioridades, recurriendo al plus de su experiencia en el campo de la aviación.

Además de rematar la entrega de algunos aeropuertos remodelados que dejará como legado el presidente Santos, el nuevo director impulsará una estrategia para delinear el futuro del sector, que crece a ritmo vertiginoso y promete ser pieza clave para el desarrollo del país, de asumirse los retos de conectividad y competitividad que reclama la coyuntura. Las acciones se encaminan a optimizar estándares de seguridad aérea, modernizar regulaciones aeronáuticas, desempolvar acuerdos bilaterales y fijar el derrotero de la aviación civil para los próximos 12 años.

En la última década, Colombia registró un incremento de las operaciones aéreas cercano al 300%. De 12 millones en 2006, saltó a 36 millones en 2017, y la tendencia se mantiene al alza ante el proceso de recuperación económica y la perspectiva de que en un par de años se consolide un entorno macroeconómico más balanceado.

Aunque la seguridad aérea es un factor de confianza para el país, como lo acreditan dos auditorías de la OACI, realizadas el año pasado, que la sitúan dentro de los niveles más altos de la región, su condición de objetivo estratégico requiere de exigencias permanentes de cumplimiento. Por eso, a la par con la ampliación y modernización de las infraestructuras aeronáutica y aeroportuaria, un desafío estructural que debe solucionarse es la deficiencia de personal técnico en la entidad, decisión que corresponde resolverse en el Congreso de la República, donde se requiere aprobar una ley que le quite el cerrojo a su restrictivo gasto de nómina.

La modernización de las regulaciones aeronáuticas es punto prioritario en la agenda de Salazar. El país, antiguo líder zonal en reglamentaciones aeronáuticas, se quedó en el camino y hace años perdió esa condición. La apuesta es ponerlo en línea con los avances regionales e incorporarlo a las normativas LAR (Regulaciones Aeronáuticas Latinoamericanas), con el fin de armonizar su reglamentación en seguridad operacional. Unificar los criterios en esta área conllevará ventajas, como facilitar procesos y procedimientos —necesarios para un país en el que operan las grandes aerolíneas multilatinas— y abrir oportunidades comerciales y académicas para el sector.

El otro frente al que le puso el ojo es el de los acuerdos bilaterales, instrumento para ampliar la red de vuelos internacionales y la cobertura del servicio doméstico. Salazar dio el primer paso para dinamizarlos. Acaba de renovar con vigencia inmediata un añejo convenio suscrito con Argentina, que reducía las operaciones conjuntas a cuatro frecuencias semanales, y extendió el techo a 35 frecuencias, con opciones de vuelos directos entre ciudades intermedias de ambos países. Las autoridades del Eje Cafetero han sido las primeras en mostrar interés por ofrecerse en Buenos Aires para sumarles a los encantos del paisaje los servicios de sus aeropuertos. Dentro del portafolio de acuerdos empolvados, la Aerocivil contempla destrabar alternativas semejantes con países transoceánicos. Acaricia la posibilidad de que la más activa aerolínea africana, Ethiopian Airlines, extienda sus operaciones al país, y que la Norwegian Air, la mayor de Escandinavia y tercera en importancia entre las de bajo costo en Europa, establezca una filial por estas tierras tropicales para explorar servicios comerciales en la región.

Pero la mirada a corto y mediano plazo de Salazar está dirigida hacia la planificación del sector para 2030. La idea es programar la aviación civil a 12 años y evitar un eventual colapso en los servicios ante la tendencia alcista en el desplazamiento de viajeros. El punto de partida de este proceso de reflexión para responder interrogantes sobre proyecciones y necesidades será la segunda semana de abril durante un foro con expertos internacionales.

Fijar el derrotero de la aviación en Colombia para los próximos años, cuando podría llegarse a la abrumadora cifra de 100 millones de pasajeros movilizados, es una prioridad que asumida a tiempo reducirá riesgos, mejorará conectividad y competitividad, y jalonará progreso. Después de una larga década de ejercer responsabilidades aeronáuticas en el exterior, el nuevo director también tendría la posibilidad de proyectarse localmente —a partir del 20 de julio— si le abrocha el cinturón a la Aerocivil con el avance de esta meta.

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