Por: Cartas de los lectores

Sobre un cable de Wikileaks

El 13 de julio, en el periódico El Espectador, aparece una nota de un supuesto cable de Wikileaks titulado "Lío por las camisetas con logos de las Farc".

Mi nombre, César Carrillo, aparece relacionado en una supuesta reunión en la Embajada de Estados Unidos en Bogotá el 24 de enero del año 2006, donde un grupo de personas, supuestamente sindicalistas, manifestaron que yo era el principal promotor de esta campaña, además de ser uno de los apoyos fundamentales a las Farc y al Eln en Europa.

Fui presidente de la Unión Sindical Obrera (USO) durante siete años y dirigente de la misma organización durante más de 20 años. También fui integrante de la primera junta directiva de la Central Unitaria de Trabajadores de Colombia (CUT). Como fiel reflejo de la política del sindicato petrolero, nunca estuve, ni he estado, vinculado a ninguna organización insurgente. Actuamos siempre dentro del marco de la Constitución y las leyes. Aun en desventaja, nunca acudimos a un acto violento para ejercer el derecho a libre ejercicio de la actividad sindical. Sin embargo, a este sindicato se le señaló intencionalmente con el propósito de hacer daño, acusándolo de ser auxiliador de la guerrilla y cómplice de atentados a la infraestructura petrolera.

Estos señalamientos tuvieron excelentes resultados para el gobierno de Colombia, para la administración de Ecopetrol de la época y para muchas multinacionales que han visto en la USO no una organización sindical democrática, sino un enemigo al que hay que exterminar a cualquier precio. Fruto de estos señalamientos y sindicaciones han sido los más de 100 trabajadores petroleros asesinados en los últimos 20 años y el encarcelamiento por varios años que soportamos cerca de 30 sindicalistas petroleros, además del asesinato de nuestro abogado Eduardo Umaña Mendoza, el 18 de abril de 1998.

Las amenazas han sido una constante contra este sindicato, nuestras familias han sufrido el rigor de un Estado que se alió con los peores criminales de la historia de Colombia. Se han utilizado falsos testigos, justicia sin rostro, se clonaron testimonios y personas, se armó toda una película para estar acusando permanentemente a los sindicalistas, todo con la mirada cómplice de autoridades y gobierno, que no han hecho nada para defender al sindicalismo, pilar básico de cualquier país que pose de ser democrático.

En mi caso particular, vivo en Madrid desde hace 13 años. Ingresé a este país con permiso oficial del gobierno español a través del programa denominado “Circunstancias excepcionales del Ministerio de Asuntos Exteriores” y con permiso también oficial de la Empresa Colombiana de Petróleos (Ecopetrol), para la cual trabajaba, que certificó el alto peligro que contra mi vida había de continuar en Colombia. A la vez, con permiso y autorización de la junta directiva de la USO, de la cual era dirigente, además de miembro de la comisión internacional. Todas mis actividades fueron y son conocidas en Colombia.

En Madrid estoy integrado a Comisiones Obreras, la más importante organización sindical de este país. Hago parte de la fundación Madrid Paz y Solidaridad, la ONG de esta organización para los asuntos de cooperación y solidaridad, y soy responsable de proyectos y programas de solidaridad con la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) en el departamento de Cundinamarca. Igualmente soy integrante de la Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz en Colombia, plataforma creada hace más de 15 años, conformada por más de 300 organizaciones; hice parte del proyecto de su fundación . En Madrid, bajo el aval de esta plataforma, hemos organizado dos asambleas internacionales por la paz en Colombia y la primera Asamblea de Mujeres por la Paz, la primera en el año 2003 y la segunda en el año 2007, todas bajo el auspicio de las Comisiones Obreras de Madrid. También participo, en nombre de Comisiones Obreras de la plataforma Justicia por Colombia, en varias organizaciones españolas legalmente constituidas.

Nunca he pertenecido ni pertenezco a ninguna organización guerrillera en Colombia, ni en ningún país del mundo; nunca he organizado eventos de esa naturaleza; nunca he proclamado el uso de la violencia, ni he hecho apología alguna al terrorismo; nunca he vendido camisetas ni propaganda de las Farc o del Eln; no conozco al grupo de personas danesas que hagan esta propaganda, no he estado nunca en Dinamarca, ni en Noruega, lo certifica mi documento de viaje expedido por el gobierno español, donde constan las salidas de este país, por estar en calidad de refugiado.

A raíz de esta publicación mi nombre rueda por cientos de redes y por miles de correos de varios países del mundo, me han colocado junto con mi familia y compañeros en una situación muy difícil y peligrosa.

 César Carrillo. Central Unitaria de Trabajadores (CUT). Unión Sindical Obrera. Vicepresidente de Colombia. Madrid.

Nota de la redacción:

El Espectador no realizó las investigaciones ni las acusaciones que en la carta se señalan. Como es usual con los cables revelados por Wikileaks, la redacción se limitó a transcribirlos dentro de un ampliado marco interpretativo.

¿La irrelevante autenticidad del florero?

En un nuevo milenio, se hace innecesaria la polémica sobre la autenticidad u originalidad de las piezas que conservan nuestros museos (Artículo del 20/7/11. pág. 24 y 25), dado que la reflexión contemporánea sobre el pasado asegura que la historia ha dejado de ser entendida como una sola verdad absoluta, y sí como un conjunto de verdades relativas.

Por lo tanto el valor e importancia del Florero de Llorente no reside solamente en su probada autenticidad, sino en el poder comunicativo como objeto simbólico, en el que es imprescindible evocar la circunstancia de evidente fragilidad política y social a comienzos del siglo XIX, que derivó en la configuración de un nuevo sujeto político, que 201 años después de los sucesos del 20 de julio debe seguir siendo el protagonista de la consolidación de una nación incluyente, próspera y justa, más allá de objetos o lugares comunes: el ciudadano colombiano.

Daniel Castro. Director Museo de la Independencia-Casa del Florero. Ministerio de Cultura. Bogotá.

Obsesión con los muertos

Para nadie es un secreto que América Latina está obsesionada  con los muertos. Basta ver , por ejemplo, la exhumación de los cuerpos del expresidente chileno Salvador Allende y de Simón Bolívar en Venezuela, o bien, los artículos que se han venido publicando en este periódico respecto a la repatriación de los restos de Rufino José Cuervo, cuya obra bien debería ser difundida pero no sus miembros. Vale aquí recordar lo que ha publicado el periodista Andrés Oppenheimer sobre esto: mientras que en un billete de Singapur aparece la palabra “education”, con un salón de clases estampado, en nuestros billetes aparecen  muertos ilustres. Es innegable que no se puede ni se debería olvidar la historia, pero al país le vendría mejor preocuparse más por el futuro que trayendo el cadáver de un filólogo. Si no, claro que se avanza, pero de espaldas.

 José Hernández. Bogotá.

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