Por: Cartas de los lectores

Sobre un editorial

Sobre un editorial

Leí con atención el editorial “La campaña en curso” (El Espectador, 28/08/16), sobre la votación más importante en la historia de Colombia, y hubiera preferido un poco menos de equilibrio, un poco menos de neutralidad, un poco menos de eclecticismo.

La pregunta misma que plantea el plebiscito es casi de Pambelé: ¿quiere usted la paz o la guerra? ¿prefiere ser rico o pobre? ¿prefiere estar sano o enfermo? Hay otras miles de preguntas cuya respuesta obvia tratan de oscurecer los defensores del No. El mayor logro de la ilustración, la razón, parece hoy tener problemas en el mundo. Los británicos se dispararon en el pié apoyando el Brexit, bajo la ilusión de que ahora podrán regresar un siglo y restaurar el imperio victoriano; los gringos están considerando elegir a un peligroso personaje, a quien el análisis más generoso lo pondría al lado de líderes dementes como Hitler, Stalin, Pol Pot o Mao; los franceses podrían elegir el próximo año a la Señora Le Pen, sin mencionar todo el resto de despropósitos que hoy la antipolítica y el malestar con el sistema hace posible alrededor del mundo.

Confío, sin razones, distintas a la intuición, la fé y algo de wishful thinking, en que la vocación colombiana de andar en contravía, nos lleve a la única opción razonable: apoyar el acuerdo de paz y optar por un país viable.

Contrario a lo que dicen los que hacen campaña por el No y algunos que se dicen políticamente correctos, esta SÍ es una opción entre la guerra y la paz. Es una moneda al aire, que solo puede caer cara o sello (teóricamente es posible que caiga de canto, pero ocurre una vez en 11.000 millones), no hay opciones intermedias, no hay renegociación posible en el corto ni en el mediano plazo. Es la diferencia entre tener o tener a 12.000 tipos armados amenazando al país o no tenerlos, tener inversión internacional en muchos sectores o no tenerla, ser un país viable o no serlo. ¿Que eso costará varios miles de millones de inversión del Estado en bancos de tierras, subsidios a los desmovilizados, restauración de derechos? Lo vale, mil veces lo vale. Otra vez habla Pambelé.

¿Que eso significa que los excombatientes no irán a las cárceles en donde no cabe ya ni un visitante de media hora, sino que es necesario un sistema alternativo que contiene algo de perdón? Por el futuro de nuestros hijos y nietos no tenemos derecho a negarnos.

No es posible la neutralidad, no es razonable ni moralmente válido apoyar la guerra. Sí es una opción entre la paz y la guerra. Lo demás son discusiones inútiles.

Francisco J. Coy

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