Por: Cartas de los lectores

Sobre un editorial

Sobre su estimulante editorial acerca de la educación (El Espectador, “Desde la base”, 06/10/14), me parece sumamente positivo que por fin, en esta ocasión, la educación, fuente de ética y emprendimiento, se haya realzado en las promesas de los candidatos presidenciales. Hablando de ética, siempre he pensado que la mejor manera de inculcarla es en la clase de historia, haciendo cuestionar las “hazañas” de la antigüedad que, viéndolo bien, fueron solemnes bellaquerías (el catálogo es infinito); invitando a los alumnos a criticar algunas actitudes de nuestros más queridos próceres (el decreto de Trujillo de “guerra a muerte” de Bolívar, con el cual fusiló a españoles cuyo único delito era su nacionalidad: “Americanos, contad con la vida aunque seáis culpables; españoles y canarios, contad con la muerte aunque seáis indiferentes”), etc. La Biblia es donde mayor insumo hay para el análisis ético, ya que en mucho es una escuela de sicarios. La cosa empieza cuando un Dios le pide a Abraham que mate al hijo y Abraham cobardemente acepta. Y la lista también es enorme. Se salvan Los Diez Mandamientos (me gustan ocho, quitándole lo de santificar fiestas y amar a Dios sobre todas las cosas). Excelentes las lecciones de la defensa de Susana por parte de Daniel y la defensa de la adúltera por parte de Jesús (“el que esté sin culpas que tire la primera piedra”); los consejos del Eclesiástico; la sabiduría de Salomón. Hay que tener la suficiente libertad espiritual para criticar al mismísimo Jesús: iba ofreciendo el “premio de su padre” a cambio de las buenas obras, y con eso contaminó el corazón del hombre con la falsa moral del interés.

En un pasaje penaliza a la esposa repudiada injustamente al declarar que no puede casarse nuevamente y que quien se case con ella cometerá también adulterio. En fin, mucha libertad espiritual para inculcar ética.

La educación también la podemos convertir en la mejor escuela de emprendimiento: “Niños, para mañana, de tarea, traer alguna idea de algo que se pueda hacer en el colegio”. Juanito dirá que un campo de fútbol; Pedrito, que un concurso de poesía (para todos los gustos). Cuando el profesor le pregunte a Juanito que cuánto les pagarán a los trabajadores del campo de fútbol y Juanito diga que el salario mínimo, ese será el momento que esperaba la historia para cambiar el corazón del hombre.

En cuanto al miedo a las matemáticas, los profesores deben empezar, por ejemplo, en clase de álgebra, explicando que menos por menos da más porque equivale a decir no quiero no ir, que es lo mismo que decir sí quiero ir. Y así siempre, haciendo ver que toda ecuación es sólo el reflejo de algo real de la vida. Cuidado con embrutecer a los niños obligándolos a aprenderse de memoria las tablas de multiplicar antes de entenderlas. Hay que demostrarles primero, con buena dramatización, que decir cinco por cinco es cinco veces cinco.


Toribio Araújo Segovia. Cartagena.
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