Por: Cartas de los lectores

Sobre una columna de Héctor Abad Faciolince

A propósito de su columna, “La lengua no tiene la culpa” (El Espectador, 17/12/17), con respecto a la frase “...echarle la culpa de la opresión machista, que existe, a la estructura de la lengua, es un error”, muy respetuosamente le hago ver que: 1. La primera forma de excluir a la mujer es a través del lenguaje. Por otra parte, si la “costumbre” machista (propagada impúnemente por la “academia” de ese país del que ya no somos una vulgar colonia, y que tiene unos de los más altos índices de violencia intrafamiliar —la que es denunciada, claro. La no denunciada aún es “invisible”— hacia la mujer) no hubiera sido tal, durante tantísimo tiempo, entonces, con la misma “lógica” si el lema del alcalde mayor de Bogotá hubiera sido “Bogotá mejor para todas”, tanto los hombres machistas, como los que no lo son, se sentirían ¡incluídos! 2. Por favor recuerde que “excluir es maltratar”. Y que hay varias formas de maltrato. No sólo lo es el hecho de recibir golpes físicos. Invisibilizar a las mujeres, al evitar a propósito nombrarnos, es golpear el alma de la mujer. 3. Por supuesto tengo muy presente que la “institución” más maltratadora de la mujer –en el mundo; ya que lo hace, también impúnemente hasta la fecha, y “en el nombre “¡de Dios!” como si Dios fuera un vulgar misógino– es la mal autodenominada “Iglesia” “católica”. En la cual la mujer, en los seminarios, casas curales, templos y demás, no es más que la sirvienta de los curas “machos”. Si la mujer quiere celebrar los siete sacramentos ordenada como sacerdotA, entonces la cosa es “a otro precio”.

Y aunque no hay ninguna razón teológica para negarle ese legítimo derecho, se le sigue negando tozudamente.

Para no hablar del lenguaje patéticamente excluyente que se usa casi en toda la Eucaristía y que se “refuerza” cada domingo, en las cinco peticiones que publica la Editorial San Pablo en su hojita. Una cosa es el género, otra el sexo, y otra bien diferente es que tanto mujeres como hombres tenemos los mismos derechos. Empezando por el aparentemente “insignificante” derecho a ser nombradas. Es decir, a ser incluidas, por mucho que al alcalde mayor de Bogotá y a las demás personas misóginas del planeta esto las tenga sin cuidado. El alcalde mayor de Bogotá no sólo no está por encima de la ley, sino que el acuerdo de marras está vigente.

Ing. Carmen Cecilia López Rodríguez.

 

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