¿Sobrevivirá el Centro Democrático?

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La alineación de factores estructurales le es adversa.

El “péndulo” sugiere que en 2022 se elegirá un presidente de centro-izquierda. Si los actuales mandatarios locales de esa corriente hacen una aceptable gestión, la ola de cambio político podría extenderse a las elecciones territoriales de 2023. Sería una situación totalmente inédita con potenciales efectos profundos en la personalidad política del país.

Mi impresión es que no estamos calibrando bien los retos del futuro que se cocinan cada día que pasa. Ni los desafíos globales de los dos lados del espectro, ni los de cada partido. La reflexión política es escasa.

De cara al 2022, en la centro-derecha hay menos conciencia de la necesidad de un candidato de coalición para la primera vuelta. Las tendencias hoy indican que pasarían a segunda vuelta Fajardo y Petro. Conjurar este riesgo exige ajustar el marco mental en términos de pactos, actores, mecanismos, contenido, horizonte.

Un marco mental adecuado para el reto global influirá en la autocomprensión y la estrategia de cada partido. Una cosa es “mantener o pasar la página” de la JEP en solitario y otra, en medio de una conversación interpartidista de alta política de largo plazo, por ejemplo. Sin un giro de pensamiento será muy difícil encontrar salidas a las encrucijadas.

El péndulo sobre todo desafía al Centro Democrático. De un lado, su máximo líder está terminando su parábola política y el sucesor natural, el presidente Duque, no se muestra interesado en ese rol como expresidente. Sin una transición bien diseñada (a tiempo) del liderazgo carismático de Uribe a un nuevo liderazgo institucional, el CD corre el riesgo de pasar a ser oposición sin la conducción indispensable (lo que es un factor de disolución).

De otro lado, la vocación de poder y la vocación de permanencia obligan a reinventarse como partido en un contexto muy adverso en lo cultural, lo ideológico y lo electoral (lo judicial, lo mediático). La tentación de un Vox colombiano reñiría con la vocación de poder. Pero es evidente que la trayectoria desde 2018 ha conducido a la derrota y no se ha cambiado. Todas las apuestas y análisis señalan un futuro negativo.

La transición en el liderazgo involucra i) la relación política del partido con el Gobierno (especialmente ahora “no son la misma cosa”), ii) la articulación del discurso que interprete las nuevas preocupaciones y sensibilidades desde los principios y valores fundantes, y iii) la organización del partido.

Duque no será el sucesor de Uribe en el CD, una de las consecuencias que tendría un mandato de baja popularidad y débil identidad. Así que se necesitan reglas claras para seleccionar al candidato presidencial y establecer el nuevo liderazgo.

La transición para la sobrevivencia, sin embargo, depende del líder: sus decisiones harán que le quite la vida o se la prolongue a lo que es su creación. Si por error se la quita, su legado no tendrá defensores en el sistema de partidos.

@DanielMeraV

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