Por: Aura Lucía Mera

Sobriedad

SOBRIO. ÉSTE SERÁ EL CALIFICAtivo que le doy a la ceremonia de posesión del presidente Santos. Sobrio el acto. Sobrio el desfile.

Sobrios los paraguas blancos que en un momento dado inundaron la Plaza de Bolívar. Sobrio el traje del nuevo Presidente. Sobrio el vestido de su esposa. Sobria la actitud. En un momento dado, el primer plano de una toma televisiva me impacto: el nuevo mandatario en su silla, el saliente en la suya y al medio la gran silla vacía, como esperando ser llenada por todos los deseos de los colombianos que la quieren ver repleta de nuevos empleos, de tierras para los desplazados, de oportunidades, de vías, de facilidades en salud, de paz, de concordia y de transparencia. Como hace unos años, esa silla vacía que con generosidad y esperanzas se le brindó al asesino jefe de las Farc, Marulanda, y que tan burdamente la dejó vacía, arrasando con la esperanza de millones de ciudadanos que creímos en esa oportunidad y le llenamos de esperanzas.

Sobrias las palabras de posesión. Invitación sentida a una Unidad Nacional. Categóricas las posturas ante la corrupción, las guerrillas, el narcotráfico. Esperanzadoras las decisiones firmes de acercamiento entre los países fronterizos, léase Venezuela y Colombia. Respeto por las Altas Cortes. Finalización de la polarización. Énfasis en la libertad de prensa y de expresión. Voluntad de servicio y decisión de estrechar la brecha absurda y escalofriante de las desigualdades sociales. Empeño en creación de fuentes de trabajo y viviendas dignas.

La pantalla me muestra imágenes del nuevo gabinete. Curioso. Muchos de ellos fueron relevantes durante el gobierno de Andrés Pastrana Arango. El Presidente, el Vicepresidente, Juan Camilo Restrepo, Carlos Rodado, Tomás González y Juan Carlos Echeverry. Se habla de un magnífico equipo. Ese equipo ya estuvo con el ex presidente Pastrana. La pantalla gira hacia un close-up y me muestra un Andrés encanecido pero sonriente. Cuando la balanza de la historia se equilibre y deje de estar zangoloteada por las polarizaciones de los últimos ocho años, se entenderá y saltará a la vista que ninguno de los logros de este “octavenio” se hubieran podido llevar a cabo sin el cuatrienio del presidente Pastrana, quien logró desenmascarar la guerrilla y mostrarla como grupo terrorista y genocida ante el mundo entero, el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas, el inicio del Plan Colombia y el buen desempeño de sus ministros de entonces, quienes ahora vuelven a brillar en este nuevo cuatrienio que iniciamos el sábado.

La Historia, y pónganle la firma, destacará el gobierno de Andrés Pastrana como uno de los más sólidos para fundir los pilares de esta nueva Colombia que esperamos vivir.

Esta sobriedad de palabras contrastó con la vehemencia veintijuliera, extensa y salida de tono de Armando Benedetti, quien tal vez fue víctima de un corrientazo eléctrico que lo hizo convertirse en tribuno de tarima de plaza de mercado. Largo y salido de tono. La ropa sucia se lava en casa, aunque los olores hayan contaminado las fronteras. No era el momento para sacar a flote las pústulas del Congreso ante representantes de naciones diversas, incluido un príncipe elegante y discreto. No se azota la alfombra a escobazos cuando tenemos invitados de honor. Se le fue la onda. Personalmente me parece inteligente y frentero, pero embistió por donde no era. Le falta peso en la cola o ideas de fondo en la cabeza. El lector puede escoger.

Y ahora, “pues a lo hecho, pecho”. Inicia una nueva era. Ojalá la ceremonia en La Sierra no se quede, como dicen otros columnistas, en foto fija. Andrés Pastrana también los visitó antes de su posesión. Como colombiana, le deseo lo mejor al gobierno actual. Como periodista, seguiré atenta a los aconteceres. Pero siento un descanso en el almita de que ya veo caras nuevas, miradas diferentes y, lo que es mejor, propósitos innovadores con mucho, pero mucho, aunque sea en el papel, de contenido social.

P.D.: Cambio de tercio en la Gobernación del Valle. Cara conocida. Trayectoria limpia. ¿Logrará en tan poco tiempo barrer tanto mugre, tirar tanta corrupción a la basura, limpiar entuertos, romper contratos amañados, recuperar vigencias futuras regaladas, impedir visitas de funcionarios a las cárceles, pulir los pisos enlodados y dejar una huella, un primer paso de huella firme y clara en estos meses de gobierno? Dios quiera que lo logre. Porque, ahora o nunca para el Valle del Cauca, Valle arrasado y contaminado. Valle que merece recuperar su liderazgo y ver un nuevo amanecer. Un buen Primer Paso es un buen comienzo, aunque la trocha sea matrera y llena de abrojos. Necesita apoyo de los vallecaucanos, del vicepresidente y del Gobierno Central.

 

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