Por: Hernán González Rodríguez

Socialismos modernos

Definir el socialismo resulta casi imposible, porque de él existen a la fecha numerosas variantes.

Existen socialismos evolucionados como los europeos que lo definen como una doctrina, social, económica y política, consistente en afirmar que el Estado debe poseer, administrar o al menos controlar los medios de producción, distribución y los recursos naturales, para beneficio de todos sus ciudadanos con el propósito claro de crear una sociedad sin grandes diferencias sociales.

Los países escandinavos son, quizá, los exitosos en aplicar estas doctrinas evolucionadas. Los países mediterráneos ejemplifican fracasos estruendosos en la aplicación de doctrinas similares, debido a que omitieron considerar sus finanzas. Sospecho que Colombia, de la mano del presidente Santos y de su ministro Rafael Pardo, marchamos ya por la senda de los mediterráneos.

En el extremo opuesto encontramos el socialismo cubano, el cual sí posee, administra y controla absolutamente todo por medio de una dictadura funesta de los hermanos Castro. No tienen par en Latinoamérica: La miseria del pueblo cubano, el deterioro evidente de sus ciudades, la prohibición a sus ciudadanos para salir del país, la existencia de un solo partido político, las restricciones a la libertad de expresión… todo lo cual se palpa en la angustia inocultable de sus gentes.

El socialismo “bolivariano” de Chávez y de sus amigos del Alba todavía no ha llegado a tales extremos, pero nada garantiza que no terminen iguales, porque estos socialismos, tan pronto como reciben el primer impulso, se autoalimentan y se aceleran por la senda de la miseria sin necesidad de mover un dedo.

El proceso se inicia por medio de los “exprópiese” que acostumbra Chávez, los cuales ahuyentan a los inversionistas y enlistan en las nóminas oficiales a los trabajadores de las firmas expropiadas. Como la creación de empleo del sector privado empieza a declinar, entonces los gobiernos socialistas comienzan a subsidiar las familias de los desempleados y crear puestos burocráticos por doquier.

El resultado de estos subsidios se manifiesta en que las personas no vuelven a buscar empleo, porque si lo buscan tampoco lo encuentran, y, finalmente, se conforman, se resignan a vivir con las dádivas del Estado sin angustiarse trabajando.

Este drama termina como acontece hoy en Venezuela, donde, según una encuesta reciente, el 30% de sus ciudadanos considera que no tiene necesidad de trabajar, porque papá Estado le atiende sus necesidades vitales. Su mayor responsabilidad se reduce a votar y a acudir a las manifestaciones chavistas.

No es de extrañar, en consecuencia, que estos socialismos retorcidos fomenten la dependencia de las clases indigentes de las migajas de pan que caen de la mesa del Estado, puesto que en ellas radica un importante soporte para sus triunfos electorales. En Cuba ya controlan a casi toda la población en esta forma.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Hernán González Rodríguez

“El empresario: el lobo que hay que abatir”

Los escandinavos no son excepcionales

Comparación entre salarios mínimos

Enfrentamientos en el Centro Democrático

Crecimientos de la población