Sociedad civil, cambio social y capital altruista

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Un cambio conceptual para que los “Estado-centristas” y los estatistas no dominen la ideología política colombiana.

Ciertamente, el principal instrumento de cambio social es el Estado, pero la sociedad civil puede ser el segundo, tomados los mercados y la democracia como mecanismos necesarios.

El concepto o noción de “pueblo”, amorfo, manipulable, de naturaleza política, no sirve para pasar del discurso a la ejecución de los fines sociales.

Comenzando la pandemia, planteaba aquí el dilema de agrandar el Estado o fortalecer la sociedad civil para la gestión de sacar de la vulnerabilidad aumentada a millones de colombianos.

“Adoptar el enfoque de política pública de ‘pago por éxito’ para involucrar más a las organizaciones sin fines de lucro, en vez de incrementar la burocracia estatal”, sugerí.

La semana pasada, señalé que un signo de sociedad poco moderna es la falta de independencia y autonomía de la sociedad civil respecto de los ámbitos del Estado y la política.

En términos prosaicos, “una apuesta grande por la sociedad civil quiere decir, en primer lugar, que la clase política deja de subordinar e instrumentalizar a las organizaciones sin fines de lucro mediante la injerencia en la contratación y los pagos”, repito.

En términos filosóficos, la sociedad civil sería el pueblo en la dimensión cívica y social que se ha transformado en múltiples tipos de instituciones que defienden y gestionan intereses colectivos y populares, y que por lo tanto debe ser considerada un legítimo instrumento de la sociedad para alcanzar sus fines.

Estamos lejos de eso. En lo prosaico, tenemos el colmo de políticos que crean fundaciones para aparentar ser sociedad civil y robar, y en filosofía política, los que no son “Estado-céntricos” son estatistas.

A manera de ejemplo de las implicaciones de todo esto: no bastan las transferencias monetarias condicionadas para “graduar” a las Familias en Acción beneficiarias. Hay que hacer acompañamiento psicosocial e integral.

Si se volviera a la figura de gestores sociales, los políticos tradicionales querrían que los nombre el Estado, en lugar de contratar con instituciones de la sociedad civil especializadas, estables, con vocación social, bajo un marco que inhiba la corrupción.

Eso, en relación con servicios sociales. Ahora, en cuanto a la creación de capacidades económicas de poblaciones en desventaja sí que necesitamos un cambio conceptual.

Hay que pasar de programas enfocados en beneficiarios individuales a ecosistemas masivos, y de intervenciones con poco capital administrado por organismos estatales a estrategias de largo plazo con capitales robustos gerenciados por el sector privado.

Necesitamos introducir el concepto de “capital altruista” (que no persigue el lucro), no distinguir si su origen es público o privado, y usarlo de una forma que cree capacidades competitivas y se regenere parcialmente (sostenibilidad).

Las personas y familias en pobreza o vulnerables con activos por sanear y rentabilizar requieren que los instrumentos de capital altruista les sirvan bien y efectivamente los lleven a generar ingresos y a entrar al circuito económico.

Ciertamente, ayudarían un espíritu y un programa de capitalismo más inclusivo, y no solamente el de “las partes interesadas”, que comenzó a promover Klaus Schwab y es hoy una corriente en el mundo desarrollado.

@DanielMeraV

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