Por: Oscar Guardiola-Rivera

Sociedad del espectáculo

El escándalo de las interceptaciones ilegales realizadas por el periódico londinense News of The World ha revelado una vez más la extensión y el poder de la sociedad del espectáculo en la cual vivimos.

El término “sociedad del espectáculo” fue acuñado en 1967 por Guy Debord. Su propósito era describir la forma como nuestro mundo sólido y real parece haberse desmaterializado para reaparecer transformado en imagen. “Lo que antes vivíamos de manera directa, ahora se aparta de nosotros convertido en una representación”, decía el escritor francés.

La noción es fácil de entender para quienes reconocemos el poder seductor de la imagen, desde las marcas, las Big Macs, la Coca-Cola y las Disneylandias, hasta el monopolio de los medios. Es como si la realidad que podemos tocar y sentir hubiese sido invadida por una imagen a tal punto que esa imagen se vuelve tan real como la realidad misma.

Las revelaciones de la semana pasada dan concreción a esta idea: al menos desde 2005, News of The World había contratado un ejército de espías con el fin de invadir las vidas de celebridades, políticos, deportistas y demás, interceptar sus teléfonos y escuchar sus conversaciones, con el fin de alimentar su máquina de ilusiones noticiosas. El objetivo final de esa maquinaria era adelantarse a sus competidores en los medios, proveer a los consumidores reales convertidos en insaciables consumidores de ilusiones, vender y ganar.

La eficacia de dicha maquinaria logró convertir a Rupert Murdoch en uno de los hombres más poderosos del mundo. Murdoch es dueño del grupo de medios del cual News of The World es parte, News Corp, que incluye también a The Sun, The Times, Fox News, The Wall Street Journal, 20th Century Fox y hasta MySpace.

En una declaración sin precedentes, el primer ministro, David Cameron, admitió la semana pasada que tanto él como sus antecesores habían ignorado las denuncias acerca de las prácticas del tabloide por temor a la influencia política de Murdoch en Gran Bretaña. Y ni qué decir de la manera en que Fox News ha desdibujado la política estadounidense.

Pero no es esta la más funesta de las consecuencias del poder espectacular de Murdoch y sus congéneres. En Cien años de soledad, publicado en 1967 al igual que La sociedad del espectáculo de Debord, Gabriel García Márquez da cuenta de una epidemia que trae consigo la pérdida de la memoria. Cuando José Arcadio Segundo regresa tras haber presenciado la masacre de Ciénaga, aprende que según la versión repetida y machacada por los medios “en Macondo no ha pasado nada, ni está pasando ni pasará nunca”.

En la sociedad del espectáculo ya no hay forma de distinguir entre la realidad histórica y la realidad ilusoria. ¿Qué hacer? Este es el reto que nos corresponde enfrentar a los escritores de esta generación.

* Analista y profesor del Birkbeck College de la U. de Londres

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