Por: Danilo Arbilla

Socios

En estos días la prensa uruguaya ha recogido unas viejas noticias surgidas de unos documentos desclasificados por el Departamento de Estado de los EE.UU., referentes a interferencias, “en pareja“con  Brasil, en asuntos internos del Uruguay  cuando las elecciones de 1971 en este pequeño país, en las que por primera vez comparecía la coalición de izquierdas Frente Amplio, hoy en el gobierno.

Esos documentos, que fueron conocidos ya en el 2002, revelan entre otras cosas y según consta en un informe del entonces secretario de Estado, Henry Kissinger, que el presidente Richard Nixon le confió al primer ministro británico  Edward Heath, que EE.UU. contaba con el apoyo de Brasil, calificado por el mandatario estadounidense como “la llave del futuro“, y le mencionó  que “ los brasileños le ayudaron a manipular la elección ( de 1971) en Uruguay“ en la que triunfó el partido colorado y Juan María Bordaberry fue electo presidente.

Que estos hechos hayan resucitado con fuerza se enmarca en parte en la actual campaña electoral que vive el país. A fines de octubre los uruguayos deberán elegir un presidente para los próximos cinco años y entre los candidatos están el oficialista y  principal favorito, José Mujica, ex Tupamaro que en 1971 estaba preso, y Pedro Bordaberry,- hijo del ex presidente y ex dictador-,  candidato del partido Colorado con nulas chances de ganar.

Pero la noticia también resulta interesante fuera de fronteras, porque recuerda una  vieja sociedad que continúa vigente. Nada ha cambiado al parecer: Brasil es hoy para el EE.UU. de Barack Obama y Hillary Clinton lo que hace 40 años lo era para Nixon y Kissinger, “la llave del futuro“, el socio principal, y algo así como el encargado de América del Sur.

Cómo que los imperios se dividen áreas y tareas; pero igual las críticas   se centran en los EE.UU. ¿Y Brasil qué? Ocurre que es más redituable la lucha contra  “los yankees“. Da más y mejores dividendos, y si no que lo digan Correa, Morales, Chávez, Ortega, Kirchner. Además, hoy por hoy, conviene  azuzar a la administración Obama para que apoye a los “progresistas” o se atenga a las consecuencias. Por otro lado no hay que olvidar que Brasil ahora tiene a Lula y ha cambiado.

¿Habrán cambiado o todo permanece igual en materia de torpezas e intervencionismos y la hipocresía, el pragmatismo político y el doble discurso siguen tan campantes? Según los funcionarios brasileños, los de hoy, los del gobierno de Lula, las FFAA de Brasil no eran parte del Plan Cóndor, nunca torturaron y no hay nada que revisar, en Brasil no hubo desaparecidos. Como dijo Lula, los disidentes que murieron, fueron asesinados o desparecieron en la época militar “son héroes, pero no víctimas”. Esto es, no hubo victimarios. Y esto es así por más proyecto de ley sobre el tema que se presente para calmar a los gritones y, por supuesto, para que no pase nada.

Mientras tanto  la sociedad sigue. Pero ahora, se dirá,  las cosas no son como antes y los valores son otros. Lamentablemente creo que no voy a estar, pero siento una curiosidad tremenda por saber lo que dirán los documentos del Departamento de Estado que se desclasifiquen en el 2035 sobre la actual  sociedad con Brasil. Conocer, por ejemplo, los fundamento y valores que sustentan la política de Brasil de apoyo al régimen de Chávez,- aparte de los negocios-, a Zelaya, a Ortega y a  los Kirchner, y que llevan a EE.UU., a considerarlo, como ayer, su principal socio y amigo y a Obama a pedirle a Lula que lo tutee. Quizá no haya sorpresas y sea lo mismo de siempre.

 

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