Por: Oscar Guardiola-Rivera

Sol Argentino

Durante una conferencia en la Universidad de Murcia, el filósofo argentino Enrique Dussel explicó el criterio central de su trabajo de vida mediante una visualización. Se trata de la imagen conocida como ceremonia del peso del corazón en las escalas de la justicia, o juicio final. En ella, Anubis le pregunta a quien ha vivido si lo ha hecho siguiendo los deseos de su corazón. ¿Ha dado de comer al hambriento? ¿Le ha otorgado paso seguro al inmigrante y al extranjero?

De acuerdo con esta imagen arcaica de la justicia, que todavía puede verse en el dibujo del Papiro Hunefer del Museo Británico de Londres, el criterio de una vida buena no consiste en haber tenido éxito y acumulado riquezas sino en haberlo hecho de acuerdo con la verdad de nuestro corazón. Y entonces, haber alimentado al hambriento y dar techo a quien ha sido expulsado a la fuerza del suyo. En particular si se trata de un extranjero o un enemigo.

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Dicha convicción ética comunicada por medios estéticos, que considera la acumulación secundaria para la vida, es confirmada por uno de los versos de la Canción de Inyotef : “Recuerda, nadie puede llevarse sus bienes consigo a la otra vida”. De manera similar el Gran Himno del Aten inscrito en trece columnas en la ciudad de el-Amarna, informa al lector que conviene más celebrar los deseos del corazón en vida, y con ello la vida misma, antes que preocuparse por acumular para la siguiente o rendir culto a la vida después de la muerte.

Tales versos e imágenes provienen de un período en la historia antigua marcado por la profunda conmoción ideológica que siguió al reinado de Akenatón y su esposa Nefertiti. Su énfasis en el disfrute de la vida y el cuerpo aquí y ahora, y la igualdad entre hombres y mujeres, hizo a un lado el culto cívico del inframundo y el pesimismo ante la muerte. Luz en vez de oscuridad; vida no muerte.

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Construyeron una ciudad en el este, el-Amarna u “horizonte del sol”, cuyos habitantes podrían realizar la utopía igualitaria de “vivir por la verdad”, en oposición al pesimismo del oeste.Por eso se dice que habrían inventado el monoteísmo, un malentendido que repite Freud al referirse a Moisés como un sucesor de aquella idea revolucionaria. ¿Por que el corazón? Imaginar una conexión entre el cuerpo humano o una parte de este y otros cuerpos naturales como el sol obedece a un impulso por simbolizar que parece universalizable.

Se lo conoce como antropografía, y explica la importancia que damos al cuerpo y la carne o su deseo, al corazón y los ojos ayer como hoy al cerebro, y el pensamiento analógico que une el movimiento de los cuerpos celestes con la capacidad de orientarnos en un mundo incierto. Implica el renacer, vencer la oscuridad y caminar juntos con rectitud hacia la luz. Es lo que acaban de hacer los argentinos al vencer el populismo de derechas. Quizás no sea coincidencia el lugar central que el sol ocupa en su bandera.

 

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