Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Sol y viento para el nuevo Gobierno

Esperamos que los ventarrones que se presentaron el día de la posesión del presidente Duque se asocien con el potencial de generación de energía eólica y solar que tiene Colombia. En este cuatrienio tenemos la obligación de ponernos al nivel de los países vecinos en la generación de energía con fuentes sostenibles alternativas. Según la Misión de Crecimiento Verde (2018), en Colombia estas fuentes representan tan solo el 0,87 % de la matriz eléctrica nacional. En países vecinos tenemos: Perú (3,7 %), Chile (12,4 %) y Brasil (12,4 %).

El cambio climático es un tema transversal que debe ser eje del próximo Plan Nacional de Desarrollo (PND). Recomponer la matriz energética es el primer paso. La crisis de Hidroituango nos debe llevar a aumentar la capacidad instalada de generación eólica y solar, para iniciar así la recomposición de la matriz energética. En el periodo 2014-2018, hubo avances legislativos, pues se aprobaron la Ley 1715 de 2014, sobre promoción de las energías renovables y eficiencia energética, y la Resolución 1283 de 2016, que regula el proceso de obtención de la certificación de beneficio ambiental para nuevas inversiones en proyectos de fuentes no convencionales de energía renovable. Sin embargo, los avances en generación no son perceptibles, pues no se ha definido un marco regulatorio que, de manera efectiva, promueva las energías renovables alternativas.

El Ministerio de Minas y Energía es el responsable del atraso, debido a su empeño por apoyar las formas convencionales, como las grandes hidroeléctricas, el carbón y el gas, y haber dificultado el ingreso del sol y el viento como fuentes de generación.

Esperamos que las cosas empiecen a cambiar. En su propuesta 180, el programa de gobierno del presidente Duque dice: “Promoveremos una matriz energética que integre energías renovables como la energía solar, eólica, geotérmica, entre otras”. Esto significa cambios importantes en el corto plazo. Por ello, este tema debe quedar explícito en el PND, con presupuesto y metas.

No es posible que ante las dificultades de Hidroituango respondamos construyendo térmicas a gas y carbón, lo que incrementa nuestras emisiones y genera incumplimiento del Acuerdo de París. La mayor parte de los países de la OCDE han iniciado el cierre de sus térmicas a carbón y tienen planes definidos para suspender el uso del carbón en el mediano plazo. Nosotros no debemos ir en contravía, menos siendo Colombia un país con un gran potencial de generación con sol y viento.

Adicionales a los compromisos internacionales están las oportunidades locales. Para muchos lugares de nuestra geografía es mucho más barato y eficiente generar la energía localmente con sol o viento, que asumir grandes costos económicos y sociales asociados a la transmisión, con torres de media y alta tensión, de una energía generada a gran distancia de los lugares de consumo, bien sea a través de termoeléctricas o mediante grandes hidroeléctricas que ya presentan serios problemas, como es el caso de Ituango, Sogamoso, El Quimbo y Salvajina. Esto sin mencionar los nuevos proyectos hidroeléctricos que, según el plan de expansión, están en fila para su ejecución.

Buen viento y buen sol para el nuevo Gobierno. No le podemos fallar al planeta; debemos generar energía con fuentes sostenibles alternativas.

 

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