Por: Diego Aristizábal

Soledad que ilumina

Por primera vez el Ministerio de Cultura le rinde homenaje a una escritora colombiana: Soledad Acosta de Samper.

Un siglo después de su muerte los colombianos podemos volver sobre los pasos de esta mujer que murió ilustre y admirada en el siglo XIX, pero que hoy pocos saben quién fue, qué hizo; tal vez por eso quienes han visitado la exposición “Voces y silencios” en la Biblioteca Nacional de Colombia, se sorprenden apenas descubren esta vida cargada de tantísima riqueza intelectual.

Soledad fue hija única. Desde pequeña devoró la biblioteca de su padre, Joaquín Acosta, un militar de las luchas de independencia, historiador, geógrafo y diplomático quien siempre quiso que ella tuviera una gran educación. Su madre, Carolina Kemble, también apoyó esta decisión. Luego su esposo, José María Samper, valoró con tal empeño esta formación que se volvieron cómplices de sus proyectos editoriales, los cuales, tal vez, empezaron cuando de los tres primeros años de noviazgo, y el primero de casados, quedó algo hermoso: “El Libro de los ensueños de amor: historia poética del bello ideal de la ventura” (1855), un libro de poemas donde José María escribe: “Oye mi canto, Soledad querida,/ himno de amor, entusiasmado canto,/ tú que eres luz i cielo de mi vida/ Paraíso, dulcísimo de encanto…” (SIC). El libro fue ilustrado por los dos.

Su alma aguerrida hizo que ella escribiera en 1854 una proclama “a las valientes bogotanas”. La misiva, que era una invitación directa a que se levantaran en armas, a que marcharan en contra del general José María Melo quien orquestaba un golpe de estado, empezaba así: “¡Compatriotas! Nuestra infeliz patria marcha con pasos precipitados acia la ruina, el sol de la esperanza se oculta bajo la sombra de la desgracia…” (SIC). Dicha proclama podría tener hoy absoluta vigencia.

En 1878 decidió hacer su primera revista, se llamaba La Mujer, allí publicaban solo mujeres y aparecieron sus famosos “consejos” morales y de comportamiento tanto a las mujeres casadas como solteras. Cerró en 1881 por falta de suscriptores. Después fundó en 1884 La Familia, circuló hasta 1885. En 1889 fundó El Domingo de la Familia Cristiana donde se inventó varios personajes, uno era el cura que interpretaba los evangelios; otro era un médico que explicaba los diferentes tipos de plantas de las regiones, sus propiedades, las enfermedades, etc. En 1898 fundó El Domingo. Y luego, en 1905, creó su última publicación, Lecturas para el Hogar.

En estas revistas publicó sus novelas, crónicas de viaje y biografías por entregas. También reseñó libros, escribió crónicas de moda, críticas literarias, artículos de opinión, hizo traducciones; en fin, con esa letra menuda y perfecta, delgadita, hermosa, inclinada hacia la derecha, se dice que durante un tiempo escribió más que Alejandro Dumas.

Soledad Acosta de Samper fue una “vulgarizadora” del saber porque lo que hizo en muchos de sus artículos fue acercar ciertas lecturas, complejas o en otros idiomas, para que la mayor cantidad de personas pudieran leerlas. Esta mujer cultísima pensaba que el conocimiento era para compartirlo y por eso nunca se sintió más, ni presumió de su saber en aquel entonces cuando el acceso a la educación en Colombia era tan limitado.

Uno de sus principales intereses fue que la mujer pudiera trabajar, ella pensaba que si lo hacía podía valerse por sí misma. “No se case para tener quien la mantenga”, era en resumen lo que planteaba su ideología liberadora. Siempre creyó que la mujer debía ganarse su puesto en el mundo intelectual, no solo por ser mujer, sino por sus diversas capacidades. Decía que lo importante era que construyera una carrera digna de ser escuchada.

Orión, Renato, Aldebarán, Andina, Bertilda, S.A.S. fueron algunos de los seudónimos que utilizó Soledad Acosta de Samper quien a lo largo de sus 80 años de vida publicó 21 novelas, 48 cuentos, cuatro obras de teatro, escribió en casi 40 periódicos para engrandecer su tiempo. Por fortuna, después de un largo olvido, su fuerza intelectual vuelve y nos ilumina.

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@d_aristizabal

 

 

 

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