Por: María Elvira Bonilla

“Solía ser médico. Ahora no sé lo que soy”

EL TEMA DE LA SALUD, QUE JUNTO AL de la vivienda y la educación es el foco principal de preocupación de los ciudadanos, se convirtió en un galimatías incomprensible.

Un texto sencillo que circula en las redes sociales, escrito por un médico argentino, explica de una manera simple la desnaturalización de la medicina y de su ejercicio, presa del afán mercantilista que carcome a la sociedad contemporánea y que desvirtuó el ejercicio de una de las profesiones más humanas, dignas y socialmente necesarias. El paciente ha quedado abandonado a su suerte y el médico, sumido en la frustración y la rabia, impedido de ejercer plenamente su vocación, de poner sus conocimientos al servicio de la vida y del buen vivir de la gente.

De allí la rabia con que el médico Salomón Schachter, profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires, describe esa nueva realidad que enfrenta su profesión. Una descripción a tener en cuenta para entender el sentido de la inaplazable reestructuración del sistema de salud. Con lucidez y dolor rememora lo que era el oficio del médico y plantea la aridez humana y el absurdo de su situación presente:

“Solía ser médico. Ahora soy prestador de salud. Solía practicar la medicina. Ahora trabajo en un sistema gerenciado de salud.Solía tener pacientes. Ahora tengo una lista de clientes.Solía diagnosticar. Ahora me aprueban una consulta por vez.Solía efectuar tratamientos. Ahora espero autorización para proveer servicios. Solía tener una práctica exitosa colmada de pacientes. Ahora estoy repleto de papeles.Solía emplear mi tiempo para escuchar a mis pacientes. Ahora debo utilizarlo para justificarme ante los auditores.Solía tener sentimientos. Ahora sólo tengo funciones.Solía ser médico. Ahora no sé lo que soy”.

Descripción que firmarían gustosos los médicos colombianos. Lo que se discute en Colombia, como lo demuestran parlamentariamente las razones aducidas en el aluvión de impedimentos presentados por los congresistas, no es el sentido y contenido de la prestación del servicio público de salud, como lo define la Constitución Política, sino el negocio que se montó y que tiene su epicentro en las EPS.

La discusión y el debate que, dada la crisis presente, debería centrarse en el papel que le corresponde desempeñar al Estado como guardián del interés general de la salud de los ciudadanos —como formulador de la política pública, regulador y supervisor de su ejecución y ejecutor directo allí donde y cuando lo reclame ese interés general—, se redujo a una de carácter estrictamente financiero dada la pretensión de mantenerle el carácter de negocio a la prestación de los servicios de salud, “olvidando” con ello que se trata de un bien público con las condiciones propias de su naturaleza constitucional y humana. Los ciudadanos no entienden lo que se discute en medio de la confusión que la envuelve, la cual impide que se aborde el corazón de su crisis.

Del propósito con el que el bienintencionado ministro Gaviria asumió el cargo, poco o nada queda. Como están las cosas, de aprobarse el proyecto saldría una ley frustrante para él y para el país. Se mantendría vigente la protesta, el crudo reclamo del médico argentino, que es como si hablara cualquier galeno colombiano.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de María Elvira Bonilla

Una reflexión, un adiós

La cruzada contra el mal

Lobos solitarios

La ciudad del encuentro

El derrumbe de la dirigencia