Solidarios y corruptos

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Decía en mi columna pasada que el coronavirus puso al país ante el diván del psicoanalista. Como en el plebiscito de 2016 o en las elecciones del 2018, el COVID-19 volvió a dividir a Colombia en dos: solidarios versus corruptos. Viendo a diario las noticias, se diría que media Colombia está trabajando para sobrevivir colectivamente, mientras que la otra mitad se da mañas para enriquecerse. Concejales, alcaldes, personeros, gobernadores, ediles, ministros, banqueros, comerciantes, agricultores, empresarios, en fin, toda la variopinta gama de actores económicos, políticos y sociales de este país parece estar dividida en este nuevo paradigma: solidarios de un lado, corruptos del otro.

La población solidaria ha logrado cosas históricas: medio millón de mercados a través de almacenes Éxito y Carulla, $50.000 millones en una teletón en Bogotá, ríos de ayudas privadas en las regiones, ¿y con qué se encuentran? Pues con la corriente contraria, la que ve en cada mercado la posibilidad de robarse 20.000, 30.000 pesitos, que multiplicado por 10.000 familias permite recuperar la plata de la compra de votos, algo que se repite en casi todos los departamentos: desde Atlántico, con su sospechosa gobernadora, hasta Arauca. Lo que nos hace sentir vértigo, pues es inevitable pensar que siempre ha sido así, sólo que antes no se veía. Cada vez que el Estado compra una orden de lápices para sus oficinas, ¿cuánto se roban? Con el papel higiénico de los baños ministeriales, ¿cuánto se roban?

Pero los mercados son el robo pequeño, las chichiguas. Las ayudas al sector del agro, eso que hoy se llama Colombia Agro Produce (el Agro Ingreso Seguro 2.0), involucran a otro tipo de ladronzuelos. Estos no son modestos alcaldes de provincia, sino elegantes señores egresados de universidades privadas, gente que ya es rica y que maneja empresas enormes, y que se embolsillaron, sin el menor reparo moral, el 95 % de las primeras ayudas. De $226.000 millones, 34 empresas recibieron $216.000 millones. Las más grandes. Si esto no es un abuso, que salgan a la luz. Ya el ministro de Agricultura, el que autorizó, se pone muy pálido al dar sus precarias explicaciones. Tal vez ya se vea jugando Monopoly con Andrés Felipe Arias en el Cantón Norte. ¿Y los empresarios que pidieron y recibieron esas ayudas? El Tiempo informó que algunos decidieron devolver la plata para evitar el escarnio público, lo que quiere decir que eran plenamente conscientes de que estaban cometiendo una ruindad, y sólo porque se supo quieren devolverla, lo que además demuestra que no la necesitaban. ¿Cuáles son esas empresas? ¿Por qué la prensa no revela los nombres de esos elegantes y patrióticos empresarios? Y las cárceles llenas de atracadores de billeteras y celulares, cuando estos atracadores de alta gama siguen en sus cómodas residencias. ¿Son financiadores de la campaña de Duque? ¿Son inversores cercanos a Carrasquilla, el gurú de los negocios privados desde el Gobierno? No sé ustedes, pero ante esta situación yo tiemblo de pensar que Carrasquilla pidió 11.000 millones de dólares al FMI. ¡De dólares! ¿Quiénes son los amigos del Gobierno que se van a repartir esa platica? ¿Qué nombres habrá en esos cheques, que a lo mejor están ya listos?

 

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