Por: Fernando Araújo Vélez
El Caminante

Sólo el arte

Aunque me enreden con noticias de políticos, fútbol y farándula, sólo el arte me puede salvar, pues sólo el arte me transforma y me ha transformado en esencia. Sólo el arte me toca, me quema, me marca y sacude, sin que importe demasiado si después de la sacudida quiero matar o matarme. Aunque me distraigan con rencillas personales disfrazadas de debates que van a salvar la nación, con cantantes que nos inviten a necesitar, a querer, a depender, con reinas de belleza, y fútbol y patria y negocios, telenovelas y realities, sólo los artistas, aunque mientan, me muestran la vida como es, cruda la mayoría de las veces, infame, y rosa muy de cuando en cuando.

Sólo con eso que hemos convenido en llamar arte mato sin matar y muero sin morir, y matar y morir me salva, te salva, nos salva. Por eso, cuando me encuentro con algún texto de Emil Cioran, y Cioran dice que “Fulano se eleva, en nuestro sector, por encima de nosotros y es razón suficiente para desear vernos libres de él: ¿cómo perdonarle la admiración que nos inspira?”, yo me siento vengado por él, y mis venganzas, las reales, pasan a ser las suyas a través de sus palabras. Sus frases, su descarnada crudeza, me transportan hasta el éxtasis, tal vez porque siento que en él he encontrado al interlocutor que tanto buscaba, pues él dice las cosas que yo no he podido decir y va hasta el fondo y me convida al vacío, sin contemplaciones.

Aunque me involucren en rumores de baja calaña, y por momentos me sumerja y me pierda en ellos, sé que son los muertos muy muertos los que me van a salvar, por sus obras y por ellos, pues no es posible una gran obra sin que detrás haya un gran personaje, más allá de que nos gusten sus procedimientos, sus ideologías o sus amores, y mucho más allá de que haya sanguijuelas que quieran y hayan querido sacarles la sangre contando sus infidencias. Los vicios de un autor no invalidan su obra. Muchas veces son el combustible que las hace posibles. Sin vicios no habría artistas, pues son los vicios, las pulsiones, la angustia, el temor, la envidia y el deseo de venganza aquello que los lleva al arte, y a querer cambiar la realidad con sus obras.

Es en sus obras donde me pierdo y me salvo. Es en sus obras donde soy otro, ese otro que siempre quiere estar del otro lado del puente.

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