Por: Francisco Gutiérrez Sanín

Sólo el comienzo

EL DEBATE ADELANTADO POR EL SEnador Robledo contra el programa Agro Ingreso Seguro quedó trunco, pues el presidente de la corporación decidió suspenderlo cuando las barras aplaudieron.

Como yo lo estaba viendo, puedo asegurar que no fue una ovación agresiva, ni siquiera entusiasta (pese a que, a decir verdad, la de Robledo fue una magnífica oración parlamentaria, inteligente y bien documentada).

Ahora el Gobierno ha salido con un comunicado en el que anuncia rectificaciones, pero a la vez escamotea puntos esenciales de la discusión. Bienvenida, en efecto, la decisión de limitar la extraña práctica según la cual usted y yo, estimado lector, tenemos que subsidiar a multimillonarios ineficientes. Pero la declaración oficial, según la cual “no obstante que se trata de unas pocas empresas y de un porcentaje bajo de cuantías, el Gobierno busca que instrumentos como la Ley Agro Ingreso Seguro, además de su impacto en la producción de alimentos, produzca resultados favorables en la cohesión social”, sugiere que se trata de una maniobra de minimización de daños, no de una rectificación genuina. La pepa de lo que Robledo planteó, apoyándose en muchas evidencias, casi todas sacadas de fuentes oficiales, fue lo siguiente: a) el grado de concentración en el otorgamiento de subsidios fue inverosímil (en varios departamentos una o dos personas recibieron tanta plata como el resto de los favorecidos); b) una larga lista de empresarios que apoyaron la campaña de Uribe obtuvo generosos auxilios; c) grandes y prominentes figuras del mundo privado, como Luis Carlos Sarmiento, también; d) en el proceso de otorgamiento de dineros hubo numerosas y ostensibles irregularidades; e) el programa estaba pensado desde el principio para favorecer a gente muy rica; no hubo ninguna distorsión ni “aprovechamiento” por parte de empresarios “inescrupulosos”, sino un diseño institucional cuyo objetivo explícito era producir los resultados que dieron origen a todo el escándalo. Este diseño se basaba en la idea —que por lo demás no se sostiene en los estudios comparados sobre el desarrollo— de que el modelo de la gran agricultura terrateniente y extensiva es más eficiente que el de los pequeños y medianos productores. Como dijo Robledo, con esa idea, que proclamó siempre sin timidez, Arias embarcó a toda una serie de agentes privados en esta aventura, y sólo cuando la reacción de la opinión —y, estoy seguro, de amplios sectores de la comunidad internacional— se salió de madre, decidió “faltonear”. Pero esto sólo muestra de qué material en realidad está hecho. Ya sabíamos que apenas era una caricatura, pero ahora mostró qué triste, qué ínfima caricatura es.

El contexto de Agro Ingreso Seguro es el siguiente: el país ha sufrido una contra-reforma agraria de enormes proporciones, que ha llevado la concentración de la propiedad rural a niveles inverosímiles. Esta contra-reforma, a veces es bueno recordarlo, se produjo a punta de bala física. Las ciudades se han llenado de los turistas de José Obdulio, y mientras tanto el entorno ruralista del actual gobierno las exprime para que sostengan con coimas y dádivas a un puñado de afortunados con buenas conexiones. No dejemos que paren el debate.

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