Por: Claudia Morales

“Sólo el poder corrupto teme a una prensa libre”

David Grossman, uno de los escritores más importantes de Israel, tiene varias ideas sobre ese pedacito de tierra al otro lado del mundo que se parece mucho a lo que pasa en Colombia. En una entrevista, afirmó: “Hay un dicho en mi país: cuanto más falla un político, más popular será”.

Así es: vemos referentes políticos negativos aplaudidos por públicos obtusos sin importar qué tan mediocres son, cuánto faltan a la ética y cuántas mentiras dicen. Es la gente que muy hábilmente se encargó de normalizar la violencia en todas sus formas. Y eso es tremendamente popular.

La salida del país de Nicholas Casey, periodista de The New York Times, y de Federico Ríos, fotógrafo colombiano para varios medios internacionales, me produce rabia y vergüenza, pero a los ciegos seguidores de los políticos manipuladores, y a otros que tienen por oficio destruir todo lo que tenga la palabra periodismo, les ha parecido que se lo merecen porque, como dijo una congresista con cuyo nombre no mancho este texto, estaban “de tour” con la guerrilla.

A esa señora, a sus amigos de bancada y a su jefe político no les puedo pedir que lean, ni que visiten museos sobre nuestra historia, o que entiendan las dinámicas de la reportería de campo. Pero a las audiencias sí, porque creo en la capacidad de cambio de otros seres humanos. Por eso les sugiero: antes de imitar a un político, formen su criterio, busquen qué reportajes ha escrito Casey, qué trabajos ha hecho Ríos y luego respondan si es justo que tengan que irse de Colombia.

Un adelanto: Federico ganó el primer puesto de Pictures of the Year Latam en la categoría Noticias Serie, el Premio Especial del Jurado Days Japan 2017 y el primer lugar en el Hansel-Mieth-Preis 2019. Y si no fueron, se perdieron de una conmovedora exposición que presentó en febrero del año pasado en el Museo de Antioquia. Su cubrimiento es amplio y arriesgado, y tiene lo que logran tantos colegas valientes: deja memoria, esa que tanto disgusta a los déspotas.

Sin buenos reporteros no hubiéramos conocido el desarrollo del Proceso 8.000, la suerte de los desaparecidos del Palacio de Justicia, la Operación Orión, la corrupción de Interbolsa y Reficar, las ejecuciones extrajudiciales, las interceptaciones ilegales del DAS, Saludcoop, los robos al Programa de Alimentación Escolar, los detalles de Odebrecht, los Panama Papers, para citar sólo 11 ejemplos de miles.

Y las fuentes de muchos casos se protegen aquí y en cualquier lugar del mundo, entre varias razones, porque de eso depende la vida de ellas e incluso del propio periodista. Para el caso del Times, la evidencia fue una directriz del Comando del Ejército que, de no haber sido por el periodista y sus fuentes bien cuidadas, no conoceríamos y sin la cual no podríamos probar que volvimos a lo que tanto temíamos.

“La semana pasada hostigaban a María Jimena Duzán; a Mauricio Lezama lo asesinaron mientras grababa un documental en Arauca; a Laura Ardila la amenazaron gravemente. En el cubrimiento de Santrich varios periodistas fueron agredidos; a Efigenia Vásquez, periodista de Puracé, la asesinaron en octubre de 2017. La lista de periodistas víctimas es larguísima pero no pasa nada”, dice para esta columna Federico Ríos.

Tres países de Suramérica están en la lista roja de Reporteros sin Fronteras: Colombia, Venezuela y Bolivia. Esto demuestra, como lo dice Ríos, que “sólo el poder corrupto teme a una prensa libre”. Esa es la libertad que hay que defender y para eso también tenemos que sacudirnos el veneno de los políticos vulgares.

@ClaMoralesM

* Periodista.

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2019-05-24T00:00:54-05:00

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2019-05-24T00:15:01-05:00

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