Por: Francisco Gutiérrez Sanín

Sólo mala memoria

Qué bien, Clara López, Aída Avella, Iván Cepeda, los petristas, y todas las voces que desde la izquierda han apostado por la paz.

 Lo mismo se puede decir de quienes desde lo que se podría llamar el centro ciudadano —Mockus, Sudarsky— han corrido a sostener el proceso y a cerrar la puerta a la oleada de fango que se nos viene encima.

Es que lo que las campañas no han podido hacer recordar a los votantes es la trayectoria de interacción estructural entre el uribismo y actores ilegales de todo tipo: estructural en cuanto parece inevitable. No recuerdo una semana en la pasada década en que este movimiento no haya protagonizado un escándalo. Piensen en los de esta: los ires y venires del hacker ecuatoriano, la sombra de las encuestas fantasma, la financiación del oscurísimo “estratega brasileño”, la expectativa de que por fin María del Pilar Hurtado cante. También Benito Osorio —el señor del Fondo Ganadero de Córdoba, a quien Uribe nombró gobernador y que está en prisión por robarles la tierra a los campesinos— se halla en ese trance. Y podría seguir (recuerden a quién financió La Gata)... Me he decidido, por tanto, a lanzar una competición: pido a quien encuentre una semana limpia de escándalos uribistas que me escriba a Twitter (@fgutierrezsanin) bajo #concursoFoxxy. No valdré las del 25 de diciembre ni las del 1º de enero, pero doy como ñapa las semanas santas. Entre quienes logren encontrarla sin que yo pueda ofrecer un contraejemplo, rifaré un premio (un libro de la línea editorial de Primero Colombia, o un opúsculo bolivariano de William Ospina, al gusto del feliz ganador). También publicaré las observaciones de quien pueda recordar las semanas con más episodios.

Pero hay otro aspecto llamativo de la campaña del Centro Democrático: el de la amnesia programática. Por ejemplo, Óscar Iván declara los retos de su futuro gobierno. Hay que fortalecer las vías secundarias y terciarias. Tratar con mucho respeto a los maestros, y pagarles bien. Luchar contra la corrupción. La salud de los colombianos no da espera. La lista se puede prolongar indefinidamente. Sin embargo, cuando uno observa el desempeño de los dos gobiernos de Uribe se encuentra con que ocurrió precisamente lo contrario de lo que se proclama que pasará ahora. En términos de infraestructura, o de atención a la salud de los colombianos, o de moral pública, esos ocho años dejaron una catástrofe. Las únicas vías que se reforzaron bajo Uribe fueron las de hecho. Y fue entonces cuando se institucionalizó el paseo de la muerte, una expresión espantosa que pronto se volvió rutinaria.

Seguramente fui víctima del ambiente electoral que vive el país, y atribuí ese abismo entre los hechos y las palabras a desafecto por la verdad. Pero no: es simple mala memoria, como cuando Óscar Iván no recordaba si el tipo ese que estaba con el hacker era él o no. Lo mismo se puede decir de las chuzadas a Pachito Santos. No es que el ambiente en los primeros círculos concéntricos alrededor del caudillo sea tan denso que nadie puede confiar en nadie. Sino que simplemente se les olvidó que era amigo. Con esa retentiva, sin embargo: ¿será que hay la menor posibilidad de que se acuerden de sus promesas?

También es cierto que a veces la laguna es tan profunda que se deciden a presentar las cosas como son. Los compromisos de verdad-verdad de Óscar Iván, en su célebre comercial televisivo, se firman con los gremios, y se ponen por escrito para poder recordarlos en caso de necesidad: y allí no aparece un colombiano del común. Aunque incluso aquí nos encontramos con la travesura de rigor: varios dirigentes gremiales manifestaron que no querían ser identificados con una sola de las campañas.

 

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