Por: Daniel García-Peña

Sólo para machos

"HASTA QUE EL AMOR NOS DURE". Conesas palabras, y un apasionado beso, Blanca Durán y Catalina Villa establecieron su unión marital de hecho ante el Notario 28 de Bogotá.

Admito que se me escurrieron las lágrimas, como en cualquier boda que se respete, no sólo por la felicidad y exuberancia que irradiaban las novias, impecablemente vestidas de blanco, sino sobre todo, por la dicha y honor de haber sido invitado a presenciar un hecho histórico, así calificado con acierto por el notario, no sólo por tratarse de la Alcaldesa de Chapinero, sino también por ser un hito en un vertiginoso proceso de cambio.

La homosexualidad fue un delito en Colombia hasta 1981. En 2007, la Corte Constitucional reconoció los derechos patrimoniales para las parejas del mismo sexo y en 2009 se concedieron derechos civiles, políticos, sociales, económicos y penales.

Antes del próximo 18 de noviembre, la Corte Constitucional debe emitir sentencia sobre una demanda que busca modificar el Código Civil, abriendo la posibilidad de que parejas del mismo sexo puedan contraer matrimonio civil en Colombia. De ser así, entraríamos a hacer parte de un selecto número de 11 países en el mundo, la mayoría en Europa, tres en las Américas, uno en África y pare de contar.

A la vez, la homosexualidad es castigada con cárcel en 75 países y con pena de muerte en cinco, la mayoría de ellos en Asia y África. En Uganda se adelanta una campaña a favor de la pena de muerte, publicando fotos de conocidos homosexuales, con sus respectivas direcciones, bajo el titular: “cuélguenlos”.

La homofobia no es monopolio del subdesarrollo. Silvio Berlusconi afirmó que es “mejor sentir pasión por una chica guapa que ser gay” y el Papa Benedicto XVI se horrorizó ante centenares de parejas del mismo sexo besuqueándose en su bienvenida a España. En USA, mientras Obama intenta legalizar la plena participación de gays en el Ejército, la ultraderecha del Tea Party ha convertido la homofobia en una de sus banderas más taquilleras.

Y Colombia no está exenta. Por exigencia del Partido Conservador, las parejas del mismo sexo fueron excluidas del proyecto de ley de víctimas presentado por el Gobierno. Para no hablar del Procurador, último vestigio de la Santa Inquisición en Colombia.

Así que defender los derechos de los gays en un país mojigato y violento es cosa de machos. Igual que el racismo y el sexismo, la homofobia está profundamente anclada en las raíces de nuestra cultura. Por alguna razón, la homosexualidad se percibe como una amenaza mayor a las estructuras patriarcales de poder y a los mecanismos tradicionales de control social, que un asunto de género o de raza.

Los derechos de las parejas del mismo sexo no son una causa exclusiva de la comunidad LGBT, sino un avance de toda la sociedad, que reconoce el derecho de todo ser humano de vivir su vida como se le dé la gana, sin atropellar a los demás.

Ante curas pederastas y militares violadores y asesinos de niños y niñas, se requiere un debate abierto sobre la sexualidad y no profundizar la mirada castradora de la “moral pública”, corresponsable, esa sí, de las aberraciones más grotescas.

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