Por: Esteban Carlos Mejía

Sólo queremos de lo que no hay

¿CÓMO ENTENDER A COLOMBIA? ¿Cómo aguantársela? ¿Cómo comprender los vaivenes de este país?

Cuando Juan Carlos Pinzón era ministro de Defensa muchísimos columnistas, incluido el suscrito, clamábamos contra su uribismo vergonzante, deplorábamos su belicosidad y anhelábamos su paso a la reserva. Lo echaron al fin, canjeado a Washington, de rodillas ante el amo del Imperio, por más bembón y castrochavista que aquí les parezca. En su reemplazo, traerán a Luis Carlos Villegas, antiguo trujamán de la Andi. Oh, problema. Los columnistas, excluido el firmante, ahora se desgañitan: “¡Ministro de Defensa un fulano que sólo sabe de componendas entre patronos! ¡Un sujeto que no habla de guerra sino de paz!”.
 
Cuando el Polo Democrático Alternativo, oposición de izquierdas, estaba al borde de la división, casi roto por las divergencias entre Clara López y Jorge Enrique Robledo, se oían alaridos de desaprobación: “La izquierda es caníbal por naturaleza. Mamertos de pacotilla, no son capaces de unirse ni para una elección”. Vino el IV Congreso, se aplacó la borrasca, ganó la convergencia. “Ah, no, es que faltó debate. Sin lucha no hay unidad que valga. ¿Consenso? ¿Qué es eso?”.
 
Cuando suspendieron los bombardeos, en contraprestación, digamos, al cese unilateral de las Farc, los noticieros de televisión, siempre con voces en off, pusieron el grito en el cielo y varios comentaristas de radio, en sus bombásticas mesas de trabajo, destilaron picazón. “Cómplices del narcoterrorismo. Están negociando la Patria.” Pero, aunque se vista de seda, mona se queda: la guerrilla rompió su propia tregua. Volvió el fuego, ojo por ojo, diente por diente. Y entonces los mismos canales de televisión y los mismos locutores de radio se desgarraron las vestiduras, a lo patriarca bíblico: “Es un truco mediático para subir la imagen de Santos en las encuestas. ¡Un engaño, otra traición!”.
 
¿No les digo? Este país, enfermo de histeria, sólo quiere de lo que no hay. Si hay plomo, queremos pan. Si hay pan, que nos den plomo. ¿País inviable o inmamable? Alguien, a lo mejor con razón, me recriminirá: “Bueno, y si Colombia le choca tanto, ¿por qué no se larga de una puta vez, grandísimo triple hache pe?”. “Pues no me voy por mi rabo de paja”, me resignaré a contestarle. “Como los demás, yo también quiero de lo que no hay. A lo bien.”
 
Rabito de paja: “Mientras algunos altos políticos vengan al Congreso otorgando previamente respaldo moral a los asesinos a cambio de votos; y mientras tal cosa acaezca sin condenación pública en los órganos de opinión, es infantil pretender que cese la violencia. Si los bandidos hablaran, saltarían en átomos muchos prestigios políticos de quienes condenan el delito pero apelan a sus autores. ¡Es monstruoso jugar así con Colombia! ¿Qué significa esta doble artimaña: cuando llegan las elecciones aparece el omnímodo poder de algún directorio seccional, se suspende la acción de la justicia, los bandoleros reciben carta de probidad y tórnanse intocables; pero pasado el debate, ya los pueden dar de baja sin duelo ni cuita para sus explotadores?”. Monseñor Germán Guzmán Campos, 1962.
 
Rabillo: Y aclaro para que no haya dudas: Santos es pésimo, pero Uribe es peor. Ni Santos por mediocre, ni Uribe por fantoche.
 
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