Por: Manuel Drezner

Sólo sexo y deseo en ‘Closer’

Closer, obra teatral de Patrick Marber, que sin traducir el título (que bien se hubiera podido llamar en castellano Más cerca) se estrenó en el Teatro Nacional,  es una colección de escenas que tienen en común dos parejas que se intercambian, se buscan, se declaran su amor pero en últimas todo lo que les interesa es el sexo.

Cuando uno de los personajes, periodista de obituarios, escribe un libro sobre su relación con una estriptisera, y otra amante, fotógrafa, le pregunta a esta si el libro es real, ella le dice que sí, pero que sólo dejó por fuera la verdad. Cuando al cuarto personaje, un dermatólogo más o menos fracasado, que va a separarse de un breve matrimonio con la fotógrafa (que mientras tanto se ha relacionado con el periodista) le piden que firme los papeles de divorcio, acepta pero sólo con la condición de pasar otra vez una noche con su antigua amante. Quizá la casualidad juegue demasiado papel en los encuentros de los cuatro personajes, pero sin ella no hubiera habido obra.

Como se ve, se trata de un cuarteto de personas de vida bastante vacía, que confunde el apetito con el amor y cuyo futuro en ningún momento se pone en evidencia. La obra tuvo mucho éxito en Inglaterra y duró seis meses en Broadway y ha tenido cantidad de representaciones en diversos países, pero de ella se sale sin ningún recuerdo agradable, sin que uno encuentre un contenido emocional en ese cuento de dos parejas que en forma continua están intercambiándose. Lo malo es que el sexo, con todo lo placentero que pueda ser, es tema muy limitado y las dos horas largas que dura la obra, acaba siendo algo repetitiva y ella hubiera sacado gran provecho de unos juiciosos cortes.

El montaje, dirigido por Nicolás Montero y con la participación de Marcela Gallego, Patrick Delmas, Carolina Ramírez y Juan Pablo Espinosa, ha sido montada con fluidez y tiene momentos auténticamente cómicos, sin que haya nada de morbosidad, a pesar del argumento bastante escabroso. Quizá hubo momentos en que los actores olvidaban que no estaban ante un micrófono sino en un teatro y a duras penas se les podía oír, pero lo cierto es que los intérpretes dieron buena cuenta de sus papeles, sin caer en el mal gusto, quizá con excepción de una escena en que los dos hombres se intercambian por internet, sin que ninguno sepa quién es el otro, mensajes pornográficos. Pero hay que decir que la violencia que hay en el fondo de la pieza se desarrolla con gran elegancia y no se sobrepasaron límites en que bien se hubiera podido caer dado lo escabroso del argumento.

En resumidas cuentas, se trató de una buena noche teatral, ya que la obra –a pesar de no tener ningún fondo ni ningún mensaje– es entretenida, ya que su construcción, en una docena larga de escenas, la hace bastante variada. Pero es lástima que se pierda la oportunidad de mostrar que la vida es algo más que sexo y deseo, así éstos sean tan importantes.

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