Por: Enrique Aparicio

“Solo y mis circunstancias o sea íngrimo.”

Chiste de un expresidente. El tema es “como traer agua al mar”. La sociedad en general sufre de ese mal que se llama soledad. Puede usted estar con una multitud de amigos, familiares e hijos y sentirse solo.

No creo que ningún ser humano haya dejado de experimentar esa sensación de estar totalmente solo, sin ayuda, sin poder acudir a alguien que le dé una mano. La buena noticia es que su mente le está manejando el manicomio lleno ideas incongruentes que nada tienen que ver con la realidad.

La nota viene a tiempo pues no hace mucho murió en un accidente de automóvil John Forbes Nash quien en 1994 compartió el Premio Nobel de Economía con otros dos profesionales. Una lumbrera con los números y, para ser respetuoso con el personaje, su descripción es más o menos la siguiente: un ser profundamente solitario aunque, como profesor en una de las mejores universidades de los Estados Unidos, estaba rodeado de estudiantes, colegas y el resto. Sin embargo, nuestro genio creó sus personajes para “acompañar” su encierro, su incomunicación con el mundo real. Así lo describe la película sobre su vida hecha en el 2001, Una mente maravillosa, que ganó varios Óscars. La mente del Doctor Nash, tratada por esquizofrenia, inventó una serie de personajes que lo sacaron de toda realidad. Aunque la película ya tiene sus años, vale la pena verla.

Tengo un gran amigo con quien hace muchos años nos sentamos para uno de esos almuerzos largos. A la primera vodka hablamos con gran profesionalismo de cómo iban nuestros negocios, del “business plan” que llaman los gringos; hicimos un tour del horizonte comercial; ensalzamos nuestras actividades; proyectamos los millones que ganaríamos si… A la tercera vodka entramos en la etapa de la amistad sincera y soñamos cómo nos ayudaríamos reuniendo fuerzas; a la siguiente apareció la etapa de la verdad: “hola Aparicio tengo estos problemas ¿y usted?” Mi respuesta: “Yo también tengo los mismos”. El ataque de risa rompió todo el resto del cuento. Afuera, en la calle, nos estaba esperando Soledad, nuestra compañera imaginaria llena de visiones fatuas, para invitarnos a fantasear y crear el eventual contacto o circunstancia que le daría la solución a nuestras dificultades.

El vicio o enfermedad de la soledad tiene escenarios repletos de pequeños infiernitos. Se acaba lo positivo. No le recuerda que el mundo está pleno de cosas buenas, de algo siempre amable. Alguien que conozco y admiro, con inteligencia espectacular, muy buena gente, pero cada vez que la pasa algo y se siente mal dice una frase muy graciosa: “estoy ponchado”. Es su visión del aislamiento mental que sufre en ciertos momentos de su vida.

El ejercicio de no mirarse el ombligo todos los días tiene la ventaja de poder ver a su alrededor lo que pasa. No hay cosa que me fascine más que desprenderme del cordón umbilical de mi propia imagen para tratar de ver el mundo en forma objetiva, clara, más real. Dada mi situación geográfica y haciendo una actividad de una simpleza infinita como es montar en bici con mi pareja, me obliga a entender que la única soledad que existe es aquella que nosotros mismos nos inventamos.
Perdone el toque filosófico de hoy domingo. Que lo tenga muy amable. Muévase, acaricie a la pareja y salga a trotar. Los michelines no le ayudan.

El You Tube de lo que puede haber a su alrededor.

Enrique Aparicio Smith – junio 2015
 

Buscar columnista