¿Somos libres o estamos determinados?

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Muchos eventos políticos y sociales de las últimas décadas son tan complejos, que numerosos analistas han abandonado las ciencias sociales, como la sociología y la economía, o las humanidades, y han acudido al naturalismo, a la biología evolutiva y las ciencias naturales, argumentando que entendiendo científicamente cosas como el funcionamiento del cerebro y nuestro proceso evolutivo, se pueden explicar nuestras ideas y nuestro comportamiento moral o político. Sin duda, muchas de esas disciplinas pueden ser útiles para entender ciertos comportamientos, como el altruismo, que compartimos con algunos animales, como las hormigas y los chimpancés, y también para entender que las conductas humanas son mucho más complejas que lo que varias ciencias sociales argumentan.

De esa forma, pueden tener razón para cuestionar algunas disciplinas que han simplificado demasiado el comportamiento, como versiones extremas de la economía ortodoxa, que reduce al ser humano a un Homo Economicus, una especie de algoritmo que solo se preocupa del autointerés; o el enfoque de muchos juristas, para quienes solo hay un Homo Juridicus, cuya fuerza determinante de su comportamiento y de la vida en comunidad son las leyes y los contratos.

Las ciencias naturales y la biología evolutiva y otras semejantes pueden ser útiles para ayudar a explicar la complejidad del comportamiento humano, pero también pueden tener varios problemas. En sus versiones extremas, esas ciencias pueden caer en un reduccionismo y determinismo, que negaría nuestra condición de seres libres y morales, con capacidad para escoger nuestros actos, como para hacer el bien o el mal, entre muchos otros.

Para algunas de estas disciplinas todo está determinado en nuestros genes; para otras, somos aglomeraciones de células, que pueden reducirse a sus elementos químicos, y estos elementos no son más que átomos y otras partículas que obedecen a leyes de la física, unas ya conocidas, otras aún por ser descubiertas.

Según esos enfoques reduccionistas, al tiempo que tendríamos la ilusión de tener una conciencia, los humanos en el mejor de los casos no seríamos más que unas biomasas cuyo único interés es reproducirse en el tiempo. Otro problema de las versiones extremas de esos enfoques es que no son convincentes para explicar la diversidad del comportamiento humano. Unos humanos son austeros, otros son despilfarradores; unos son científicos, otros son deportistas; un mismo pueblo que ha luchado y alcanzado la democracia, después puede apoyar una autocracia; los países nórdicos tienen un ingreso per cápita de más US$40 mil, mientras varios países africanos no alcanzan los US$1.000; naciones ejemplares en su democracia caen después en el populismo. ¿Se pueden explicar estas diferencias y estos cambios por las leyes de la física, la química, la biología o la genética? No creo, a no ser que neguemos que los humanos de todas partes de la Tierra tenemos un mismo equipamiento físico, biológico, mental, racional y moral, y que aceptemos, entonces, que unos están mejor dotados que otros. Así, los pueblos nórdicos serían científicamente superiores a los africanos y a muchos otros. Eso por supuesto es falso. Lo que sí existe es una historia sueca, una española y una colombiana, y esas historias han hecho las diferencias. Por estas razones tenemos que volver no solo a la historia, sino a versiones más sofisticadas de las ciencias sociales para tratar de explicar y darle un sentido a la confusión de la época que vivimos.

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