Por: Santiago Gamboa

Somos tontos

Nuestra política criolla es, definitivamente, una fuente inagotable de sorpresas.

Pienso esto al asistir, entre divertido y aterrado, al nacimiento del Puro Centro Democrático, un disparate lingüístico y de sentido que probablemente refleja muy bien lo que contiene: un disparate. Y es que como figura retórica la cosa no tiene desperdicio. El adjetivo pospuesto (democrático) corresponde a lo que en retórica se llama un “epíteto”, por ser redundante y por lo tanto suprimible (todo partido político, en su contexto, es democrático). En cuanto al adjetivo antepuesto (puro), podría funcionar como “calificativo”. Desde el punto de vista del marketing, Puro Centro Democrático recuerda a los restaurantes de carretera: “deliciosa comida criolla” o “típico merengón sabanero”.

Ahora bien, ¿qué quieren decir con el adjetivo “puro”? Por supuesto que el espectro semántico abarca muchísimo, desde la pureza racial del nacional socialismo hasta la pureza cristiana, una referencia a la castidad de la Virgen. Es decir, nos sugieren que el PCD será el partido de la gente “pura” de centro, por oposición a los “impuros”; el partido de los “castos y puros”. Gente casta y pura como Andrés Felipe Arias, Jaime Noguera y María del Pilar Hurtado, supongo. Excelente. Habría sido mejor si se usara también la palabra “católico”. Puro y Católico Centro Democrático. Recordemos que Uribe, siendo presidente, dijo que el operativo de liberación de Íngrid Betancourt había sido una intervención de “la Virgen a través de las Fuerzas Armadas”. Acto seguido se puso a rezar en directo, por TV, ante decenas de canales internacionales, dando una bonita y moderna imagen del país en el exterior. Un país de gente pura y casta. De pura gente casta.
¿Qué sigue? Ah, claro, el sustantivo “centro”. Y aquí hay un problema, pues esa palabra referida a la política acabó por ser todo y nada. Ya nadie es de izquierda o de derecha, sino de centro-izquierda y centro-derecha. Incluso he oído la expresión “centro-centro”, o “centro radical”. Puro Centro. Ahora bien, es curioso que esa denominación esté en el nombre de un partido político que todos, hasta los chinos de Rusia, saben que es de ultraderecha, en el mejor de los casos. Opino que habría quedado mejor invirtiendo las palabras: “Centro Puro”. Tampoco quiere decir nada, pero se notaría menos.

Lo de “democrático” es tal vez lo mejor, viniendo de quien quiso suprimir la democracia con un golpe de Estado constitucional. Recordaremos por mucho tiempo esa forma de teatro popular que fue la votación en el Congreso de la República, cuando se aprobó la vía al tercer mandato. Lo que Noemí Sanín, con tino, llamó “mercado persa”: la derrota de toda ética o moral política, los “puros y castos” en acción. ¿Quién dice que no tendremos nada que dejarles a las generaciones futuras? Ahí está esa creación colectiva en forma de sainete. Sólo espero que se conserve en los archivos de Inravisión.

En resumidas cuentas, si es posible un “Puro Centro Democrático” quiere decir que todo se vale y que las palabras ya no significan absolutamente nada. Desde ese punto de vista podríamos crear un nuevo partido político que se llame, por ejemplo, “Somos Tontos”, ¿por qué no? O incluso, influenciados por Uribe, “Somos Puros Tontos”, o “Somos Tontos Puros”, y daría lo mismo. Exactamente lo mismo. Puede incluso que alguien se lo tome en serio.

 

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