Por: Alvaro Forero Tascón

¿Son de derecha los colombianos?

DESDE HACE VARIOS AÑOS SE VIENE diciendo que la sociedad colombiana se derechizó. La reelección y los altos índices de favorabilidad de Álvaro Uribe, uno de los presidentes más conservadores de la historia reciente, serían la prueba.

Sin embargo, durante los últimos cincuenta años se dijo que las mayorías en Colombia eran de centro-izquierda, porque votaban preponderantemente por el Partido Liberal, pero a la vez se sostenía que los valores de los colombianos eran profundamente conservadores.

La pregunta es si ha habido un viraje ideológico profundo hacia la derecha o si, en realidad, en ésta como en la mayoría de las sociedades modernas, la predominancia de los extremos ideológicos es más una manifestación pasajera de las inclinaciones pendulares de los sectores independientes. Hay varias razones para dudar de que el fenómeno de derechización asociado a la visión uribista de modernizar a Colombia por vía de la fuerza sea estructural. El fenómeno de Barack Obama muestra cómo una sociedad que hasta hace tres años se creía había adoptado definitivamente los valores conservadores de Ronald Reagan, hoy ha sufrido un efecto pendular de grandes proporciones hacia la izquierda, en virtud de la crisis económica y el fracaso del militarismo de George W. Bush.

La supuesta derechización de amplios sectores de colombianos obedece a la coyuntura de la crisis económica y de inseguridad de finales del siglo pasado, más que a un fenómeno de fondo asociado a un cambio radical en materia demográfica o educativa. Toda sociedad asediada por la violencia recurre como mecanismo de conservación a las soluciones de autoridad de corte conservador. Así mismo, cuando las sociedades aplican soluciones de izquierda como ocurre hoy en Europa y en Estados Unidos con la intervención masiva del Estado en la economía, no quiere decir que se hayan izquierdizado definitivamente.

En realidad Colombia puede estar compartiendo el proceso de desideologización de las democracias contemporáneas, que obedece a la tendencia posmodernista de los votantes urbanos, obligando a los líderes políticos a presentar posturas pragmáticas y centristas con el fin de cautivar a los sectores independientes, que se han convertido en las fuerzas políticas decisorias. Incluso gobernantes de marcada tendencia ideológica como el presidente Uribe, recurren a negar las distinciones entre derecha e izquierda para evitar que los votantes de centro hagan conciencia de su naturaleza política. La indefinición ideológica del uribismo también obedece a su tendencia caudillista, que no solamente personaliza las soluciones sociales, sino que combina herramientas ideológicamente opuestas como la autoridad y el asistencialismo.

Pero quizá la mayor prueba de que el país no ha sufrido un profundo reacomodo ideológico, sino un coyuntural apego por los valores de la conservación que priorizan la autoridad y el crecimiento económico, es que en las grandes ciudades las mayorías votan cada vez más por alcaldes de izquierda. Porque la polarización de los últimos años ha hecho más conservadores a algunos sectores de opinión, y más de izquierda a otros, e inclinado a la franja de opinión hacia la derecha. Pero como las palmeras, la franja cambia con el viento.

 

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