Por: Antonio Casale
Mucha bola

Son los intérpretes

Una cosa era el tiki taka con Alonso, Xavi, Villa, Iniesta y Pedro, con el respaldo atrás de Puyol e Iker, y otra muy distinta con intérpretes acostumbrados a un fútbol más vertical en ataque, como Isco, Koke, Silva o el propio Diego Costa mezclados con jugadores atrás que sufren mucho en el mano a mano, como Ramos (en Suráfrica fue lateral, en Rusia central) y De Gea.

Aquella España tenía la pelota y progresaba con ella haciendo daño. Cuando se juntaban los cracks anteriormente mencionados con Iniesta, hacían daño, tenían sentido las largas posesiones de balón porque producían peligro al otro lado, sin la necesidad de tener un nueve de área como lo es Diego Costa. Pero no solo era distinta en ataque, era difícil que recibiera goles, a pesar de lo lejos que jugaba del arco propio. En ese Mundial solamente les marcaron Suiza y Chile, de a un gol cada uno. Esta España, en cambio, recibió goles bobos en momentos aislados de los partidos. Así pasó con Rusia, cuya única opción fue el penalti por la inexplicable mano cometida por Piqué, pero también contra Marruecos donde una pérdida infantil de pelota, por parte de Ramos, terminó en gol, para no hablar del segundo, también en una jugada ajena al trámite. La España campeona perdía poco la pelota y cuando lo hacía contaba con la rapidez de Casillas en el mano a mano (como aquel ante Robben, previo al gol de Iniesta en la final) o el carácter de Puyol que lograba tranquilizar a Piqué para que tomara mejores decisiones. Aquel equipo tenía la pelota y progresaba con ella. Este la tiene, no progresa y la pierde fácilmente para sufrir atrás.

Más allá del cambio de técnico, a unas horas de comenzar el Mundial, cosa que sin duda afectó al grupo por más experimentado que sea, España quiso respetar la identidad que le dio dos Eurocopas y un Mundial. Loable pero difícil.

En el fútbol de hoy hay dos tipos de identidades, la defensiva y la ofensiva. La primera es más fácil de respetar aunque no de implementar. Uruguay e Italia, por ejemplo, jamás necesitarán la pelota para desplegar su fútbol. Disciplina táctica, carácter y contundencia en ataque siempre serán su impronta. Tener la pelota no es de su interés.

Pero la identidad ofensiva siempre dependerá de las armas con que se cuente para poder mantenerla. El tiki taka requiere de enanos con enormes capacidades para el manejo de la pelota por el piso. La mayoría de los virtuosos de hoy en día son veloces, resolutivos bajo presión y físicamente aventajados para correr con la pelota. Con ese tipo de jugadores es imposible implementar el juego de posesión y progresión. El mismo Barcelona ha tenido que evolucionar en su manera de jugar, porque ha entendido que esa generación no se pudo repetir instantáneamente.

Así las cosas, España tendrá que reinventarse. Lo mostrado en Rusia fue un decadente apego a una manera de jugar que con los intérpretes que tiene se ve fea, insulsa y aburrida. Con todo y eso mereció ganarle a Rusia, que se defendió, eso es válido, pero renunció decididamente a atacar.

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