Por: Antonio Casale

Son los jugadores

Envuelto en una crisis dirigencial con pocos precedentes en la historia, River Plate se acaba de coronar campeón después de cuatro años. Un buen técnico, las pinceladas de El Burrito Ortega (borracho declarado y aún así soportado por el club y los hinchas), Falcao y Buonanotte, sumadas a un equipo que se creyó el cuento, bastaron para dar la vuelta olímpica anticipada. Hoy, de Aguilar, el presidente en cuestión, nadie habla.

Metido hasta el cuello en la ‘ley Clinton’, América de Cali, con muchísimos problemas económicos, conflictos entre su entrenador y los dirigentes y una nómina muy barata, pero soñadora y convencida de sus objetivos, en la que se incluyen jugadores jóvenes, con amor propio y también por la camiseta, hoy juega el mejor fútbol del país, demostrando de paso, que en Colombia sí se puede jugar a gran velocidad siendo claro y con profundidad.

Con muy pocos hinchas, dependiendo del patrocinio de la empresa pública, Boyacá Chicó afrontó muchos problemas para ajustarse económicamente en este 2008. Pero su entrenador y plantilla saben de la responsabilidad profesional que tienen, y juegan, junto al América, como favoritos al título.

En la otra esquina, encontramos a Santa Fe, que contrató jugadores para ser campeón, se portó como una empresa seria, y fracasó. Boca, ejemplo de organización en Suramérica, se quedó sin copa y sin torneo local. Fracasó. Barcelona de Ecuador invirtió dinero por montones, tiene la base de la selección nacional, y pelea la mitad de la tabla, fracasó. América de México, el más poderoso equipo del continente, fue último en su país, fracasó. Nacional y Millonarios, con nóminas costosas y una gran cantidad de hinchas soportando estas inversiones, fracasaron.

No quiero justificar a quienes desde el escritorio manejan los equipos de fútbol como tiendas de esquina y triunfan. Pero ahora, más que nunca, estoy seguro de que en el fútbol, por encima de directivos, patrocinios, hinchas, periodistas e incluso técnicos, los únicos responsables de los grandes logros son los jugadores. No así en los fracasos, que deben ser compartidos por todos los anteriores. ¿Suena injusto no?

Deberían ser ellos, los futbolistas, también en las derrotas, los responsables, porque está demostrado que aún con gestiones dirigenciales en apuros, se pueden lograr títulos y buenas campañas o sino que lo digan los jugadores de River, América y Chicó.

 

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