Por: Daniel García-Peña

Sonando las alarmas

Aún no cesa la tormenta desatada hace diez días por el artículo del periodista Nicholas Casey de The New York Times, que reveló las directrices del Ministerio de Defensa, sonando las alarmas ante el riesgo de revivir los falsos positivos.

La primera en reaccionar fue la senadora Cabal, que a falta de argumentos se acostumbró a estigmatizar a sus contradictores, sugiriendo por Twitter que Casey había sido pagado por las Farc, una calumnia que da muestras de ignorancia, desespero o desfachatez, o quizá de todas las anteriores. Convencida de que con esto quedaría cerrado el asunto, lo que sí logró fue la respuesta airada de Patrick Leahy, nada más y nada menos que el más antiguo y de los más respetados expertos en materia de política exterior en el Senado estadounidense, autor de la famosa Enmienda Leahy que desde 1997 prohíbe la ayuda a unidades militares que violan los derechos humanos.

De todas maneras, Casey tuvo que salir del país por amenazas, así como anteriormente había tenido que abandonar Venezuela por presiones del gobierno de Maduro. Sin embargo, la contundencia de su incontrovertible informe obligó al Ministerio a retirar rápidamente dichas directrices y a Duque a nombrar una comisión especial para supervisar el asunto. ¿Será que el Ministerio y Duque fueron también pagados por las Farc?

Pero las cosas no terminan ahí. El pasado viernes, The New York Times volvió a sonar las alarmas de manera categórica, esta vez frente al proceso de paz en su conjunto. El editorial, titulado bellamente “La paz de Colombia es demasiado preciosa como para abandonarla”, resalta el carácter histórico del Acuerdo de Paz de 2016; señala los beneficios que traería su debida implementación tanto para Colombia como para los intereses de Estados Unidos, especialmente en relación con los cultivos ilícitos; afirma que el gobierno de Duque y la derecha que lo apoya están saboteando el desarrollo pacífico del Acuerdo y hace un llamado al gobierno de Trump para que no lo respalde en ese empeño. Son palabras mayores, pronunciadas por la Junta Editorial en pleno del más influyente periódico de EE. UU., y posiblemente del mundo.

La importancia de The New York Times reside especialmente en que refleja el sentir de un bloque muy poderoso de la política estadounidense. Por “pura coincidencia”, el mismo día que se publicó el editorial, se conoció una carta suscrita por 79 congresistas demócratas dirigida al secretario de Estado, Michael Pompeo, en relación a Colombia, en la cual desarrollan muchos de los mismos argumentos planteados por The New York Times, alaban el apoyo dado por el embajador estadounidense ante la ONU, Jonathan Cohen, en el Consejo de Seguridad a favor de la JEP y van más allá, al desautorizar de manera explícita la remoción de visas como mecanismo para presionar en su contra.

La carta es significativa, en gran parte, por el peso que tienen algunos de los y las firmantes: John Lewis, figura emblemática del Movimiento de los Derechos Civiles; Alexandria Ocasio-Cortez, joven estrella del sector progresista; Joseph Kennedy III, nieto de Robert Kennedy, y Jim McGovern y Jan Schakowsky, especializados en Colombia hace años, entre muchos otros.

Pero lo más clave es que son miembros de la Cámara de Representantes, controlada hoy por el Partido Demócrata. Si bien es cierto que Trump, como presidente, maneja la política exterior, en EE. UU., la Constitución le otorga al Congreso la aprobación de los recursos, conocido como power of the purse. Por ello, en materia presupuestal, los demócratas en la Cámara son más poderosos que Trump.

Nadie se comió el cuento a nivel internacional de la teoría criolla-uribista mediante la cual la firma del Acuerdo de Paz de 2016 no constituye un compromiso de Estado, sino solo del gobierno anterior. Se evidenció, una vez más, que el apoyo es mucho más sólido por fuera de Colombia que por dentro, lo cual debe animar al fortalecimiento de espacios como Defendamos la Paz. Si el Gobierno y sus aliados persisten en el propósito de hacer trizas los acuerdos, es predecible que las voces de quienes los defendemos, aquí, allá y en todo el mundo, se seguirán escuchando cada vez con más fuerza y con mayores consecuencias.

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* Profesor de la Universidad Nacional de Colombia y director de Planeta Paz.

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