Por: Hernán Peláez Restrepo

Soñar

Cómo cambió el Maracaná desde mi primera visita por allá en 1969, cuando fuimos goleados por Brasil 6-2 en la antesala del Mundial del 70. Quedó un consuelo, si así puede calificarse, porque ese mismo Brasil fue campeón Mundial a los seis meses.

Después volví con otra selección, la dirigida por Vidinic, y también sufrimos aparatosa goleada. Por eso la alegría de hoy es inolvidable. Mis nietos, el mayor de nueve años y su hermano, no borrarán de sus mentes este triunfo ante Uruguay. Los de su generación recibieron el testimonio de una selección que nos invita a soñar. Ya habrá tiempo de pensar en el próximo partido. Por lo pronto disfrutamos de un momento de felicidad, porque los sabios de la humanidad siempre dijeron que la felicidad es de instantes, no perdura ni se sostiene en el tiempo, pues se va armando de momentos, y este es uno de ellos.

Porque hay equipo y jugadores que entregan todo en medio de la unión que se requiere para conseguir logros. Jugamos bien si revisamos lo que hicieron en defensa, comenzando por el arquero Ospina, quien fue ágil, con reflejos listos, y ahogó por lo menos en dos ocasiones las intenciones uruguayas. Y ni hablar del sistema defensivo, en el que Mario Yepes y Cristian Zapata cumplieron de manera acoplada ante los embates aislados de los orientales en el primer tiempo y más continuos en la complementaria. Zúñiga regresó a su nivel conocido de juego, y cuando a Cuadrado le costaba mucho superar la áspera marca de Pereira, él iniciaba jugadas para adelante. Armero, como es habitual, superó con entrega las deficiencias que posee para concluir un arranque o levantar un centro.

En la zona de volantes, Aguilar primero y después Sánchez, en ese trabajo desgastante de marca y apoyo, obtuvieron alta calificación. Arriba Teo no estuvo en buena producción, mientras Jackson tuvo una tarea específica de ganar por arriba o al menos aguantar a Godín, dicho sea de paso un zaguero de alto rendimiento. Pero Colombia tiene hasta ahora el mejor valor individual, como resulta ser James Rodríguez. Su primer gol, digo, su primer GOLAZO, es para enmarcar, recordar y ponerlo en la vitrina de los mejores vistos hasta hoy. El gesto técnico, la media vuelta y el bombazo que sacó son admirados y recordados como la gran pintura del Mundial. James llegó a los 17 años a primera división, autorizado por Falcioni en Banfield, y anotó su gol para ingresar en el catálogo de los más jóvenes en conquistar una anotación.

Sus cinco goles son noticia. Su calidad está por encima del promedio y se convierte en la gran figura de la selección, al lado de su cuñado Ospina, como para que quede todo en familia.

Soñar y esculcar en la mente el recuerdo de este triunfo nos mantiene levantados del suelo. No es por nada pensar con optimismo sobre la próxima salida, que es Brasil, que es local. Todo se asimila y hay con qué seguir soñando. Vinimos, como muchos colombianos, con la esperanza de hacer un buen papel y jugar correctamente los tres partidos de primera fase. Ya hicimos más, ganando el cuarto y comprando el tiquete para el quinto.

 

 

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