Sirirí

Soñar cuesta mucho

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Los vallecaucanos seguimos soñando con un imposible, al menos durante buena parte del resto de este siglo. No es por ser pesimista o negativo, y me muero de la pena con mis coterráneos y quienes les están dando manivela, pero la construcción de una carretera que comunique el Pacífico con los Llanos Orientales es hoy por hoy y por mañana un canto a la bandera, según lo comentó acertadamente el valluno por adopción Enrique Álvarez Quelquejeu, personaje controvertido por decir verdades que otros callan.

Se basa en realidades como el alto costo de la vía —que vale unas cuantas billonadas—, porque si el Gobierno no ha podido sacar recursos para unir a Puerto Carreño con el centro del país —apenas se han adelantado 20 de los 680 kilómetros—, menos va a tener el dinero para acometer semejante megaproyecto, y peor ahora cuando el país terminará quebrado con los subsidios que deberá desembolsar por esta pandemia que nos azota.

Por otra parte, hay proyectos en el Valle que se deben priorizar y están prácticamente paralizados: la doble calzada Santander-Popayán, que se anunció con bombos y platillos y se quedó en estudios y más estudios (71 kilómetros); la también en veremos carretera Mulaló-Loboguerrero (31 kilómetros); la terminación de la doble calzada a Buenaventura (44 kilómetros), y la reparación de la malla vial, que está destrozada

Si no hemos logrado adelantar estos 150 kilómetros (sin contar los de la malla vial), ¿de dónde va a salir el dinero para los 800 kilómetros de esta nueva vía que, entre otras cosas, atravesaría tres cordilleras?

Ahora no demoran en contratar más y más estudios a cargo de sabios importados, que terminarán engavetados en cualquier anaquel y se deberán actualizar durante el resto de este siglo, porque en últimas, repito, no habrá plata para acometer la obra, necesaria, sí, pero lo primero es lo primero. Hay que ser realistas y dejar de soñar despiertos.

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