Por: Arturo Guerrero

Songo, Borondongo, Bernabé y Muchilanga

Laureano engendró a las Farc, las Farc engendraron a Uribe, Uribe está engendrando a Petro. ¡Eh, qué lío! Así ha sido la triste historia de nuestra brujería patria. Una cadena de salvajismos. Un embrollo de crímenes que nos “jincha los pies”.

El listado podría ampliarse si se quiere ser más minucioso. Laureano engendró a Guadalupe Salcedo y Guadalupe engendró a Rojas Pinilla. En la mitad, como punto de ignición, estaría el Bogotazo de Jorge Eliécer Gaitán.

Rojas engendró el Frente Nacional, que a su vez engendró a Tirofijo. A la larga, Tirofijo les agregó el marxismo a las guerrillas liberales. La guerra proclamada como partera de la historia. “El poder nace del fusil” fue la consigna que le juntó teoría a lo que antes era mera escaramuza de campesinos con sus gallinas. El fuego del cerebro se sumó al fuego del cañón.

 Floreció el narcotráfico, necesario para financiar todos los fuegos, los de Songo y los de Muchilanga. Pablo Escobar engendró a Carlos Castaño. La motosierra engendró el cilindro bomba. Ambos engendraron el Caguán, de donde saltó Uribe a reinar desde un caballo hasta nuestros días.

Santos, “traicionando” a Uribe, acabó con las Farc y desocupó el Hospital Militar. El plebiscito del No, “emberracado” por Uribe, engendró a Petro. Hoy Petro y Uribe, Bernabé y Borondongo, aguantan piedra, tiros, huevos y madrazos en Cúcuta y Popayán, los extremos norte y sur del país. ¡Eh, qué lío!

Desde la eternidad de su santería afrocubana, Celia Cruz y su guaracha prescriben el interrogante central para la actualidad colombiana: “¿Por qué fue que Songo le dio a Borondongo / Por qué Borondongo le dio a Bernabé / Por qué Bernabé le pegó a Muchilanga…?”.

Dicen los expertos que en esta garrotera entre divinidades perversas o benefactoras se observan dos bandos. Songo, aliado con Bernabé, contra Borondongo y su socio Muchilanga. Y se preguntan ¿quién es el verdadero culpable? Nadie desenreda la pita. La bronca les “jincha los pies” a todos. Eso es lo horrendo, pues el dicho popular alerta que “cuando la pata se hincha, la sepultura relincha”.

 La pesquisa sobre el verdadero culpable equivale a quién tiró la primera piedra. Pertenece a la jerarquía de qué fue primero, el huevo o la gallina. Son los insolubles de la humanidad. No obstante, la humanidad se sigue matando entre facciones del huevo y pandillas de la gallina.

Cuando los furibundos de Songo conversan con los mamertos de Muchilanga, se acusan mutuamente de practicar todas las formas de lucha. Es decir, de haber conseguido el poder y aferrarse a él a punta de machete, o de querer hacerse al mismo para aferrarse a él a punta de fusiles. ¡Eh, qué lío!

He aquí la descomunal tarea de la Comisión de la Verdad del padre De Roux. Lo que no logró el Acuerdo de Paz de La Habana le incumbe a este comité de componedores: urdir y tramar con fina aguja una versión de por qué Bernabé le pegó a Muchilanga y por qué Songo le dio a Borondongo.

Los dioses africanos anuncian la recompensa: “Abambelé practica el amor / defiende al humano / porque ese es tu hermano / se vive mejor”.

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