Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Sordera oficial

EL GOBIERNO COLOMBIANO NO OYE lo que tiene que oír, sino solamente lo que le interesa sobre la reelección o el referendo, cuya aprobación parece estar a punto de lograr, sin que se sepa por qué varios congresistas cambiaron de opinión de la noche a la mañana, como cuando Yidis y Teodolindo.

Donde más se nota esta actitud arrogante y en últimas cómplice, es en la torpe postura de ignorar a las contrapartes que el mismo Gobierno se ha fraguado. Craso error. Los duros años de ejercicio profesional como litigante me han enseñado que a quien primero hay que oír es al contradictor, porque habla del mismo asunto en el que se tiene interés, desde otra perspectiva del conflicto.

Digo lo anterior, porque a mi regreso al país me aproximo a las entrevistas concedidas por los presidentes de Venezuela y Ecuador a diferentes medios, y advierto que el Gobierno, sus aliados y los entes de control, se han hecho los de la vista gorda ante sus acusaciones.

Empiezo por Chávez en su reportaje en El Tiempo, en el que dijo tener evidencias de que el entonces ministro del Interior, Fernando Londoño, y el director del DAS de la época, Jorge Noguera, le montaron un complot para asesinarlo en Venezuela.

 Chávez es un bocón, pero no se puede desconocer que todos recordamos que hace unos años las autoridades venezolanas capturaron un contingente de paramilitares colombianos que no andaban paseando por las inmediaciones de Caracas. La severa denuncia de Chávez, contra dos altos funcionarios colombianos, tan próximos a Uribe, no pueda quedarse en un titular de prensa.

Es raro que al procurador Ordóñez, que anda desempolvando crímenes más con fines mediáticos que judiciales, no se le haya ocurrido investigar si fue o no cierta la conspiración criminal contra el presidente venezolano, supuestamente orquestada por uno de sus íntimos amigos y orientadores de la Procuraduría, el inefable Fernando Londoño, alias “Héroe de Invercolsa” y el “buen muchacho” primer director del DAS de Uribe. Si hubo un ministro y un jefe de inteligencia que atentaron contra la vida de un jefe de Estado vecino, eso no puede quedarse aquí sin investigación.

Tampoco le ha prestado atención el Gobierno a las preocupantes revelaciones que hiciera el presidente Correa a María Cristina Uribe, en la magnífica entrevista a Noticias UNO, en la que además con elegante firmeza le puso los puntos sobre las íes y no sucumbió a la vieja táctica del mandatario ecuatoriano de hacer perder la calma a su interlocutor.

Correa acusó al Gobierno colombiano de tener desprotegida la frontera con el Ecuador, y dio unas cifras impresionantes sobre ese supuesto abandono militar, lo que de ser cierto explicaría muchos sucesos graves que ocurren en el sur. Pero Uribe siempre tan respondón, no ha dicho nada, ni siquiera lo que es obvio: que no parece verosímil el dicho del líder de la nación que todavía se queja del ataque colombiano al territorio ecuatoriano donde se protegía a Raúl Reyes.

Cuando Correa fue requerido para que explicara por qué no trata a las Farc como terroristas, su respuesta veloz de que tampoco ninguna otra nación latinoamericana lo ha hecho, obviamente nos hizo pensar a muchos que la falla es de nuestra Cancillería, cada vez más ineficaz.

Uribe sólo tiene oídos para sus ambiciones reeleccionistas y sus peligrosos áulicos, mientras sus contrapartes andan diciendo cosas que deberían ser respondidas o investigadas. Con razón alguien dijo que cuando Dios quiere hacer perder a un hombre, lo vuelve soberbio.

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Adenda. Qué delicia, por fin llegó la Feria del Libro. A disfrutarla.

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