Por: Columnista invitado

Sórdida campaña

Después de un mes de la muerte del presidente Hugo Chávez, consagrado por el dolor de su pueblo y de admiradores de varias partes del mundo, asistimos a la campaña presidencial más corta y más sórdida de la historia de Venezuela. En el escenario del poschavismo, la estabilidad está amenazada.

En una polarización sin precedentes, ambos candidatos, sin el timón que les justificaba la propia existencia y sus respectivas plataformas políticas, se enfrentan ante los medios y el pueblo mediante insultos y acusaciones, reviviendo a los caudillos latinoamericanos y distanciándose del imaginario de los estadistas que Venezuela y América Latina tanto necesitan.

Inmersa en las mayores reservas de petróleo del mundo, Venezuela en esta ocasión no está amenazada por su permanente estigmatización internacional debida a profundas transformaciones en el contexto doméstico y especialmente en su política exterior, sino por la ausencia de mesura de ambos candidatos para convocar la paz y la unidad en el poschavismo, al poner el interés nacional al margen y confrontar dos visiones opuestas como si se tratara de dos países distintos.

Hace pocas horas, el candidato Nicolás Maduro denunció la presencia de células de escuadrones de la muerte salvadoreños en el país, las cuales estarían dispuestas a matarlo, y dijo que detrás estaría el exembajador de EE.UU. ante la OEA Roger Noriega, en coordinación con algunos sectores de la oposición. Además afirmó la amenaza de sabotajes eléctricos que obstaculizarían la realización de comicios en algunas regiones del país.

Por su parte, Henrique Capriles, a pesar de sus críticas a las misiones implementadas por el gobierno chavista, reconoció el importante trabajo de los médicos cubanos para garantizar la salud del pueblo y les ofreció la nacionalidad, para sorpresa y perplejidad de muchos.

Cualquier casualidad es mera coincidencia. Verdades comprobables o no, ambas afirmaciones nos remiten al clima de inseguridad y de conspiración de la Guerra Fría: el intento de desarticular cualquier propósito de independencia o de modelo alternativo, la estrategia para descubanizar no sólo a Venezuela sino a Cuba, mediante la fuga de cerebros inducida con el objetivo de ponerla una vez más en jaque.

Lo que se tiene que pensar es que la elección del 14 de abril, desde el punto de vista de las relaciones internacionales, transforma a Venezuela en un verdadero campo de batalla, no sólo para los venezolanos, sino para la región y el mundo, con el propósito de controlar nuevamente su petróleo.

Ojalá la lucidez de Capriles y Maduro se imponga sobre la emocionalidad para que dimensionen las consecuencias de una campaña que no toma en cuenta a Venezuela como un solo país. Esto puede ser un paso decisivo para una guerra civil incontrolable, con fuerte intervención extranjera, directa o indirecta, lo que afectaría la estabilidad del país en la era pos-Chávez y provocaría consecuencias drásticas para la región.

Entonces, ¿no era verdad que América Latina ya era capaz de caminar por sus propios pasos? Otra vez se necesitará que vengan a poner orden en su “patio trasero”? Esta sería la peor afrenta a la memoria y al legado de Chávez.

*Beatriz Miranda Cortés

 

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