Por: Beatriz Miranda

S.O.S. Amazonia

Noruega y Alemania deciden cortar apoyo económico al Fondo Amazonia (aproximadamente 65 millones de euros), por considerar que Brasil no está cumpliendo los compromisos asumidos para la preservación de la selva amazónica.

El Fondo Amazonia fue creado el 1.º de agosto de 2008 por medio del decreto 6.527 y comenzó a operar en 2009. Es un mecanismo de financiación climática basado en el concepto de pagos por resultados obtenidos en la reducción de las emisiones de gases de efecto estufa provenientes de la deforestación. Uno de sus objetivos es valorar los servicios ecosistémicos de la Amazonia para Brasil y el mundo, y lograr por medio de cooperación, contribuciones nacionales e internacionales la preservación de la floresta en pie.

Según información de su página oficial en 2018, el Fondo apoyó 103 proyectos: US$1,9 billones referentes al valor total de apoyo; 1,1 billones de reales, valor desembolsado; 3,4 billones de reales en donaciones recibidas.

Sin embargo, por estos días su eslogan: “Brasil cuida. El mundo apoya. Todos ganan” parece estar más que nunca desconectado de su triste realidad. En la historia sobran ejemplos de gobiernos autoritarios que quemaron libros para destruir ideas. Pareciera ser que el Brasil actual, además del desprecio por la ciencia, la tecnología, la intelectualidad y la diplomacia, estaría dispuesto a entrar a la historia por la quema desmesurada de árboles: la Amazonia brasileña está en llamas.

Los números se han disparado y crean alertas rojas en varias partes del mundo. Según los datos del Deter (Detección de Deforestación en Tiempo Real) y evaluaciones realizadas por el Observatorio del Clima, la deforestación se incrementó 45,5 % en 2019 y julio registró el peor índice: “2.254 kilómetros cuadrados con evidencias de crisis ambientales. Un alza del 278 % en comparación al año pasado.

Se cree que más de 1.000 km² de floresta amazónica fueron destruidos en la primera quincena de julio, lo que representa un aumento del 68 % en relación a julio de 2018. Los expertos afirman que, en los últimos seis meses, los esquemas de fiscalización están más flexibles en el área amazónica, y que el Instituto Brasileño del Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables (Ibama) ya no está siendo apoyado por las fuerzas nacionales vinculadas al Ministerio de Justicia y Policía Militar, reafirmando la máxima: “Manda capitán, obedece marinero”.

Como si fuera poco, en los últimos días, algunos órganos de fiscalización del estado del Pará, uno de los que conforman el vasto territorio amazónico brasileño, estimularon a los terratenientes, en este momento, con voz y veto en el área a organizar el “Día del Fuego”. Según uno de los insensibles organizadores, la decisión era enviar un mensaje simbólico al presidente de “que queremos trabajar y la única forma es derrumbar”.

El daño fue enorme, según los datos del Instituto Nacional de Investigación Espacial solo en uno de los municipios denominado Novo Progresso se registraron 124 + 203 focos de incendio, en Altamira 194 + 237. Mientras los terratenientes se arman y destruyen, ocurre una estigmatización cada vez más contundente contra los ecologistas, ambientalistas y ONG que alzan su voz para denunciar la guerra de intereses silenciosa que se traba en la Amazonia. El pulmón del mundo se llena de humo, en un escenario de acelerada crisis climática y las comunidades indígenas están cada vez más frágiles al afrontar un gobierno ávido de orden y progreso a cualquier precio. Con certeza, también desconoce el patrimonio cultural preservado por los guardianes de la selva.

Y pensar que la “Amazonia tiene respuestas para preguntas que ni siquiera fueron formuladas”. Días difíciles para Brasil y el mundo. ¡S.O.S. Amazonia!

*Profesora de la Universidad Externado de Colombia

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