Por: Juan Carlos Botero

SOS para Cartagena

El centro histórico de Cartagena debería tener su propio alcalde, o al menos ser declarado Distrito Especial. Lo que sea, con tal de impedir la desidia en que se mantiene la ciudad más hermosa del país.

Porque da tristeza ver que el destino más apetecido por el turismo en Colombia, el mayor puerto en donde atracan buques y cruceros que desembarcan a miles de pasajeros, la ciudad declarada por la Unesco patrimonio de la humanidad, la que debería ser la consentida del país, nuestra mayor joya nacional, esté tan sucia y descuidada. Es una vergüenza imperdonable.

No puede ser otro el resultado, claro, cuando la ciudad ha tenido 15 alcaldes en ocho años, y varios de ellos han terminado en la cárcel por corruptos. Y aquí le cae una enorme dosis de responsabilidad a la ciudadanía. La elección popular de alcaldes ha demostrado, de sobra, que los pueblos que eligen buenos mandatarios, como Medellín y Barranquilla, crecen y prosperan, mientras que aquellos que se siguen vendiendo a los bandidos de siempre, a la peor clase política que sólo aspira al poder para saquear el tesoro público, sufren y se empobrecen. Bogotá, por ejemplo, ha tenido alcaldes buenos y malos, y ambos se notan. Nuestras ciudades son muy vulnerables, y un solo alcalde puede hacer una gran diferencia, en un sentido u otro. La prueba es Cartagena, que ha sufrido tantos mandatarios corruptos, y los resultados saltan a la vista.

Porque no se requiere que ninguna de las soluciones a los problemas de Cartagena sea nueva o audaz. Todo lo necesario ya está inventado. ¿Cómo es posible que tantos andenes sigan rotos y quebrados, con huecos que amenazan a los peatones con partirse un hueso? ¿Cómo es posible que los caballos de las carrozas, como sucede en cualquier lugar del mundo que goza de ese tipo de atracción turística, no tengan bolsas traseras para recoger sus desechos, en vez de caer y ensuciar el asfalto? ¿Cómo es posible, como señaló hace poco Guillermo Santos Calderón, que las zonas verdes que rodean las murallas, que son de las más hermosas del continente, estén inundadas de basuras y desperdicios? ¿Cómo es posible que el tránsito sea un caos total? ¿Cómo es posible que tantas calles sigan tapizadas de aguas sucias, acompañadas del mal olor que eso produce, y que no se controle el ruido para que la gente pueda descansar, y que no se prohíban a los raperos que asustan a los turistas, y que destinos como Playa Blanca estén al borde del colapso? Estamos hablando de la ciudad turística más importante del país, la que se debería de mantener pulcra, hermosa y segura, y, en cambio, la corrupción de sus gobernantes, más su falta de visión, grandeza y patriotismo, la mantienen en un estado lamentable.

Cartagena tiene graves problemas, empezando con la pobreza y siguiendo con la inseguridad, la prostitución infantil, el transporte, las drogas y la delincuencia común. Pero también es una ciudad con inmensas cualidades. Es una de las más bellas del mundo, y está dotada de restaurantes exquisitos y murallas formidables, y ante todo posee un encanto y una magia que hechizan a cualquiera. Hay muchos sitios en el planeta que eran espectaculares pero que se han acabado por su mal manejo y sus pésimos gobernantes. Si Cartagena no corrige rumbos, y si no lo hace pronto, terminará como ellos.

 

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