Por: Hernán Vallejo G.

SOS sectorial

En estos días hemos observado cómo una serie de sectores productivos como por ejemplo textiles, confecciones, y café, se han venido manifestado de diferente forma, requiriendo el apoyo del Gobierno Nacional para enfrentar los retos que les está planteando la revaluación del peso.

El problema es que Colombia no está exenta de la crisis en los países desarrollados, lo cual ha contribuido a buena parte de esa revaluación. Los productores que compiten con importaciones quisieran protección y los exportadores quisieran subsidios. Desafortunadamente tanto la protección (que disminuye la demanda de divisas) como los subsidios (que disminuyen el ahorro nacional), revalúan más la tasa de cambio.

En estas circunstancias, es importante buscar soluciones de corto, mediano y largo plazo. Una política monetaria expansiva podría ayudar a corto plazo, siempre y cuando no se pierda el control de la inflación doméstica, ya que esa inflación (que encarece nuestros productos) –oh sorpresa– también revalúa la tasa de cambio real.

Si se van a dar ayudas sectoriales, hay que tener muy claro cómo se va a definir a qué sectores se les dan ayudas y a qué sectores no; con qué fin se dan; por qué montos; por cuánto tiempo; cómo se evita el mal uso y el abuso de esas ayudas y cómo se van a financiar.

La solución de largo plazo incluye elementos externos que no están bajo nuestro control, como por ejemplo una mayor recuperación de las economías desarrolladas, y elementos internos como un mayor ahorro doméstico, algo que es poco probable de alcanzar con un proceso de paz en curso, uno electoral que se aproxima y que ya se está haciendo sentir con fuerza, y varios sectores contando con el apoyo del Gobierno.

Otra alternativa de mediano y largo plazo sería abrir un espacio dentro del Programa de Transformación Productiva, para sectores vulnerables a la tasa de cambio y sensibles a la competencia internacional, de la mano de los Ministerios de Industria Comercio y Turismo, y de Agricultura. La idea sería aprovechar la experiencia que ya se tiene con los llamados sectores de clase mundial, para facilitar la comunicación público privada, con el fin de optimizar las políticas públicas para la transformación y eventualmente, en los casos en los que fuese necesario, la mutación de esos sectores hacia actividades con mayor potencial de largo plazo.

Este mecanismo podría utilizarse para ir refinando las herramientas públicas para enfrentar los costos de ajuste que se pueden presentar a raíz de la entrada en vigor de los TLC que se han venido negociando, firmando y aprobando.

En último término, todos los esfuerzos públicos y privados, sectoriales y transversales, deberían estar encaminados a aumentar nuestra productividad, que como ya se imaginarán, también revalúa la tasa de cambio, pero haciéndola más llevadera. Además, esa mayor productividad es la base para que todos los colombianos podamos tener un mejor nivel de vida.

Ojalá que la compleja situación que estamos viviendo se convierta en una oportunidad para seguir mejorando el alcance y la calidad de nuestras políticas públicas y que no se vaya a volver la excusa para retroceder, e incluso perder, algunos de los más importantes logros de las últimas décadas.

 

 

 

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