#SOSBuenaventura

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Me enaltece la hospitalidad de El Espectador. El logro de su director y equipo editorial consiste en el espacio excepcional para ejercer la autonomía intelectual y la crítica.

Pierdo la cuenta de las cartas que he firmado urgiendo a las administraciones presidenciales que se han sucedido a lo largo de los últimos 30 años para que cumplan con su deber constitucional de proteger la vida y los derechos de los pueblos de ascendencia africana. Una de ellas fue de 1997, por los desplazamientos masivos debidos a esa operación paramilitar que contó con la complicidad de las fuerzas armadas. La llamaron Génesis y dejó huellas imborrables de horror en los pueblos chocoanos de Curvaradó y Jiguamiandó. De ahí en adelante, masacre, destierro y confinamiento se volverían patrones tan recurrentes que la Corte Constitucional publicó la sentencia T025 de 2004 catalogándolos como estado de cosas inconstitucional. Cinco años después, la misma Corte emitió varios autos llamándole la atención al presidente Uribe Vélez por incumplir con la sentencia mencionada, incluyendo el 005 referente a las comunidades negras. De lo sucedido en esos años, no podré sacarme de la cabeza la frase: “ya firmé la carta por sus negritos”. La pronunció un profesor considerado muy progresista, quien destilaba el racismo que nos corroe.

En respuesta al hashtag #SOSBuenaventura, el Grupo de Estudios Afrocolombianos de la Universidad Nacional emitió el último de los comunicados a los cuales me refiero. Vuelve a referirse al incumplimiento de la misma sentencia y del mismo auto. Cuatro lustros de desdén por los efectos de la violencia contra las comunidades negras son muestra del racismo al cual me he referido. Los firmantes le piden al Gobierno guiarse por los lineamientos que la Comisión Étnica para la Paz y los Derechos Territoriales propone para “la implementación y el monitoreo del sistema de autoprotección de pueblos y comunidades étnicas”. Sospechando una respuesta retórica, el grupo reenvió su comunicación a la Oficina en Washington para Asuntos de América Latina (Wola, por su sigla en inglés). Aspira que al internacionalizar ese y otros llamados, el señor Brian Nichols los tenga en cuenta en su calidad de encargado del Departamento de Estado para América Latina, así como de diplomático con capacidad de influir en las políticas colombianas de derechos humanos y defensa de líderes y minorías étnicas.

La etiqueta #SOSBuenaventura se hace viral al mismo tiempo que celebramos el décimo tercer aniversario de la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente. Nuestro antepenúltimo momento de optimismo se debió a que tomaba fuerza la opción de ampliar nuestra noción de nación para incluir a los pueblos negros e indios y delinear los derechos derivados de la legitimación de esas diversidades étnicas. Aquel entusiasmo es reminiscente del experimentado el 10 de mayo de 1957, cuando salimos a la calle a agitar aquellos pañuelos blancos que festejaban el final de la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla. Imposible no asociar las lacras de esos años de 1950 con las de hoy: abuso de la televisión para hacerle propaganda a una figura impopular, megalómana y autocrática; subyugación del poder legislativo al ejecutivo, con pasos explícitos para hacer lo mismo con el judicial; estrangulamiento de la prensa independiente y crítica; nepotismos, amiguismos y clientelismos descarados e impunes; corrupción rampante, y hasta las camisas verde oliva estilo Nicolás Maduro Se le ven al presidente Duque los fines de semana. ¿Transparentan la similitud de los dos regímenes? Dentro de tal atrofia democrática, es difícil imaginar que —sin la amplificación internacional— tenga efectos un comunicado en pro de la vida y los derechos humanos de la gente de Buenaventura y de todo el Afropacífico.

* Profesor, Programa de Antropología, Universidad Externado de Colombia. Miembro fundador, Grupo de estudios afroamericanos, Universidad Nacional.

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