Por: Carmen Palencia

Su cara me suena

Durante los últimos doce años no ha habido un solo día en que no se hable de Álvaro Uribe Vélez, bien sea porque se le pregunte su opinión sobre algún tema o porque salga a la luz pública algún hecho oscuro, donde de una u otra forma su nombre se ha visto involucrado.

Es así como en primer lugar, cuando en sus tiempos como director de la Aeronáutica Civil, se habló de unas pistas clandestinas en algunos aeropuertos donde salían y llegaban vuelos con drogas ilegales; se ha dicho también de reuniones de paramilitares en la Finca las Guacharacas de propiedad de su familia; de las relaciones de su padre con los Ochoa; del incremento del paramilitarismo en Antioquia en sus tiempos de gobernación; de los vínculos de su primo Mario Uribe con las autodefensas por lo que fue condenado por parapolítica, lo mismo que el 35% de congresistas que le acompañaron en su coalición de gobierno; de los vínculos del general Santoyo su jefe de seguridad en Palacio de Nariño con el paramilitarismo; de las relaciones de su cuñada y su sobrina con el cartel de Sinaloa; del incremento del patrimonio de sus hijos Tomas y Jerónimo al punto en que hoy aparecen dentro de las listas de los grandes empresarios del país; de los seguimientos ilegales del DAS a personajes de oposición y periodistas; de la compra del voto de Yidis Medina para que le habilitara su reelección presidencial y de las reuniones clandestinas en “la casa de Nari”, con alias Job, quien semanas después extrañamente fue asesinado.

Lo particular de todo este repertorio de señalamientos es que son hechos que según da a entender Álvaro Uribe, sucedieron a sus espaldas. Extraño que estas cosas pasen con una persona que maneja la microgerencia, y que le gusta estar enterado de todo lo que acontece a su alrededor.

Por esto me cuesta creer que sus ministros Sabas Pretelt y Diego Palacio hayan realizado transacciones políticas ofreciendo puestos y contratos para favorecer su reelección presidencial, y Uribe no se haya dado cuenta. Curioso si resulta pensar que una persona que de bobo no tiene nada, se deje involucrar fácilmente en los temas por los que Colombia ha sido señalada por la comunidad internacional.

Como también resulta imposible de creer que se puede convivir con un entorno bastante oscuro, en donde se encuentran hechos relacionados, con el narcotráfico, paramilitarismo, seguimientos ilegales, sin que se llegue siquiera a sospechar de lo que puede estar sucediendo, cuando son cosas que fácilmente uno puede identificar.

Podría traer a colación las palabras del magistrado Rubén Darío Pinilla Cogollo, en la providencia emitida por la Sala de Conocimiento de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín, “no es posible estar dentro de una piscina y no mojarse”.

Cuando entonces será el día en que Álvaro Uribe va a reconocer todo el entorno oscuro que le ha acompañado durante buena parte de su vida política, que hoy le hacen dudar de su “honorabilidad” y buen proceder.

Que no nos siga subestimando Uribe, porque no es normal que tantas cosas sucedan alrededor suyo y él no se dé cuenta, y más bien por el contrario resulte beneficiándose de estos hechos, así como pasó con la reelección.

No quiero ser jueza del senador Álvaro Uribe Vélez, pero en aras de mi sinceridad debo, decir que con tantos hechos que han sucedido a su alrededor, su cara me suena… a “presunto responsable”.

 

@ludispalencia

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