Por: Doña Gula

Su majestad el arroz blanco

Entre las miles de cosas que me gusta comer de manera desaforada, el arroz blanco es una de mis preferidas.

Como arroz como venga, o mejor, como salga: me gusta el arroz frío, caliente, húmedo, recalentado, ahumado y el más desprestigiado, es el que más me gusta: el ‘pegao’ de arroz, el cual llaman cariñosamente en muchas partes del país ‘cucayo’.

No se necesita ser un experto culinario, para -con casi nada- convertir un poco de arroz blanco en una excelente receta. Inicio mi glosario de ellas con el difamado arroz con salsa de tomate; cuando lo hago, mezclo una cantidad que me asegura un tenue rosado y un suave sabor de ketchup. Más sencilla que la anterior es mi preferida: el arroz blanco con gotas de limón y ¡ya está! Entre las recetas sencillas, está la de añadir un chorrito de aceite de oliva, ¡me fascina! Ahora bien: existen recetas con mayor elaboración, pero versátiles y elementales, son aquellas que hacemos añadiendo al arroz una cantidad mínima de otra producto de manera insinuada, pues no se trata de borrar el arroz del plato, sino de ‘afectar’ su sabor. Con frecuencia transformo mi arroz blanco con filetes de champiñones y hojitas de cilantro; también procedo con un poco de arvejas y queso parmesano; me encanta con un puñadito de ajonjolí tostado o con cabello de ángel horneado. Aclaro: no estoy proponiendo la confección de mezclas con una gran cantidad de cosas, para llegar al resultado final de un arroz con pollo o de un arroz a la valenciana en los cuales abundan habichuelas, salchichas, huevos duros y todo aquello que de la nevera se pueda rescatar.

Volviendo sobre el encanto del arroz blanco y sus transformaciones, mención necesaria debo hacer de aquellas recetas donde su presencia gana toda la fama, pero sus acompañantes lo acaban de endiosar. Estas son las torticas fritas de arroz; la sopa de arroz con carne en polvo, aguacate y tajadas maduras; el arroz blanco en hoja de bijao con papa, yuca azafranada y rebanada de posta; el arroz blanco con huevo frito de ‘yema blanda’ para reventar y picado de plátano maduro… finalmente: el arroz blanco con hogao y frijoles recalentados. En Colombia el arroz blanco se ha convertido en pan de todos los días, pero en otras cocinas del mundo, se le considera como un acompañamiento de refinado gusto. Basta con observar los más prestigiosos recetarios de cocina mundial, para constatar el papel que cumple el arroz como acompañamiento de famosas recetas de cocina pollo al curry de la india; goulash húngaro; chirashi-zushi japonés, pero no nos digamos mentiras: el arroz blanco en su receta más elemental es otro gran ‘fucú’ de la cocina sencilla, pues todo el mundo lo prepara, pero no a todo el mundo le sale bien… hacer buen arroz no es fácil.

 

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