Por: Columnista invitado

Su majestad el porro y la torpeza de la RAE

Por Ramiro Guzmán Arteaga*

La Real Academia Española dio conocer la nueva versión de su diccionario, es decir, el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE). En esa, considerada la obra más acabada y pura de los principios teóricos y metodológicos que reglamentan y orientan nuestro lenguaje, se incluyen las palabras más representativas, “para ponerlas al alcance de todas aquellas personas interesadas en conocer nuestra lengua, en descubrir la evolución de las palabras que la integran y en profundizar en el conocimiento de su léxico”.

Pues bien, el caso es que en esta versión que acaba de darse a conocer fue incluido el significado del término “porro”, el cual define como: “1. Música y canto originarios de la costa norte colombiana. 2. Baile que se ejecuta al compás del porro”.

Me impresiona positivamente que los excelsos conocedores de nuestra lengua materna hayan incluido el término que ya era conocido en las fiestas populares de los departamentos de Córdoba y Sucre. Pero también me llama la atención la forma tan simplista, incompleta y equivocada de esa definición.  Aquí no entraré a definir el porro porque lo cierto es que ni los más conocedores del folclor del departamento de Córdoba se han podido poner de acuerdo en una definición convincente para todos. Pienso que cada quien lo defina según el conocimiento que tenga del mismo, y según lo sienta.

En su definición el DRAE lo identifica como: “Música y canto originarios de la costa norte colombiana”. Vaya uno a saber cuánta música y cantos son originarios de la costa norte de Colombia para identificar, de buenas a primeras, cuál de esos es precisamente el porro nuestro, el de los departamentos de Córdoba y Sucre. Y lo que dice, en el complemento de esa misma definición, de que el porro es “música y canto, con influencia de los ritmos africanos”, no creo que sea  verdad, pues si en algo coinciden nuestros estudiosos y analistas del folclor es que la mayoría de los instrumentos con los que se interpreta el porro son de origen europeo y algunos nativos.

Desconozco el procedimiento y el método que tiene la RAE para incluir en su diccionario de lexicografías un nuevo término, pero considero que debe hacer una mejor investigación sobre las palabras que le recomiendan incluir en su diccionario. De haberla hecho, en el caso del porro, estoy seguro de que los “reales académicos” se hubieran dado cuenta de que esa definición es incompleta y está cargada de errores desde la perspectiva de lo que es el porro, como género musical, para la cultura del departamento de Córdoba y la costa Atlántica de Colombia. Pienso que hubiera optado por una definición más emotiva desde lo que es el porro como género musical, y una definición más objetiva desde la cultura popular. Quizá menos plana y escueta.

Pienso que definitivamente la RAE debe cambiar su método para seleccionar palabras y definirlas; sus excelsos hombres de letras deben salirse de sus excentricidades que los hacen seres intocables, diríamos que invisibles, y optar por ser hombres y mujeres más de carne y hueso, que manejen el sentido común de lo que es la cultura popular, como lo intentamos hacer quienes para bien o para mal hemos optado por correr el riesgo de atrevernos a escribir.

Desde luego que hay que consultar el diccionario, pero, como diría el maestro Gabriel García Márquez, “más para ver si estamos o no de acuerdo con las palabras que utilizamos, esas que nos salen del alma”. Por eso es que en esto de escribir palabras, definirlas e interpretarlas uno no puede andarse dando ínfulas de sabio. Ni estar totalmente sujeto a la norma, porque se corre el riesgo de quitarles sentido humano, emotividad y vida a las palabras. Por eso sigo utilizando mejor las primeras palabras y no la segunda, que son las más complejas. Mejor trato de utilizar las palabras de la vida cotidianas, esas que son producto de una construcción colectiva. Por eso prefiero decir que alguien murió y no que falleció ni mucho menos que pereció. Los diccionarios acostumbran a corregir errores en ediciones posteriores. Ojalá y en la próxima corrijan la definición de porro, porque la actual es un desastre.

* Comunicador social-periodista, magíster en Educación y docente universitario.

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