Por: Hernán Peláez Restrepo

Sube y baja

Por más que le busque explicación a la irregularidad del fútbol profesional en este momento, solo apunto a dos factores que podrían ser las causales. En casi todos los partidos, las faltas entre jugadores pululan, las interrupciones en consecuencia y la imprecisión en los pases.

Y mientras los árbitros, en este momento de discreta labor, no entiendan que el fútbol es juego de contacto y de inercia, por la velocidad en los desplazamientos, seguiremos llenos de interrupciones en los partidos. El fútbol no es como el tenis. Pareciera que los árbitros nunca lo hubiesen jugado en los parques ni con los hijos, ni nada. Además, les falta malicia para entender esa quejadera, esa petición de tarjetas entre ellos y hasta solicitud de camillas, artimañas mandadas a recoger.

El segundo factor es el problema de la imprecisión en los pases. Es algo dramático en nuestra liga y uno, como comentarista de fútbol, termina justificando esa falencia con la frase de que el partido es de “ida y vuelta”. Mentira piadosa y eso solo deja en evidencia el trabajo que se hace en los campos de entrenamiento. Jugar a un toque o dos es lo ideal y allí la precisión es más que requerida. Algo muy distinto a lo que ocurre hoy en día, cuando entre compañeros “se mandan a la guerra”, expresión que utiliza el hincha cuando un pase no es preciso.

Más allá de estos dos detalles, la irregularidad es tremenda y no porque cualquiera le gane a cualquiera. Es simplemente porque los jugadores se distraen, se confían, se olvidan que esto es de largo aliento. Por ejemplo, Cúcuta se quedó con 21 puntos y Pasto ya lo alcanzó gracias a la excelente labor de Alexis García. Júnior sigue adelante, con la decepción de su pobre figuración en Copa Libertadores, competencia en la que, a propósito, Deportes Tolima parece ser el único que puede brindar una alegría. Y eso que en su juego contra Jorge Wilstermann se durmió en los laureles cuando tenía el marcador 2-0 a su favor, para terminar igualando a dos tantos.

América sube y baja, y Millonarios está bien perfilado en puntos y panorama, intentando ejecutar un juego más profundo con el reencauche de Eliser Quiñones. Nacional y el mismo Cali, con la disculpa de promover jugadores jóvenes de la casa, viven como en un ascensor: para arriba y para abajo. No nos engañemos: en nuestra liga se juega mal, independiente de ganar o perder. Y prueba de eso es el desempeño en torneos internacionales. Ya después hablaremos de la selección de Colombia sub-17 y la sub-20. Por ahora fijémonos en el microfútbol, disciplina en la que los jugadores aprenden a tocar de primeros y con dinámica, algo que les podría servir a muchos en la Liga Águila.

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2019-04-06T23:00:00-05:00

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