Por: Cristo García Tapia

Sucre, un aniversario más

Sucre es el departamento de Colombia en el que brilla más el sol, pero a sus espaldas.

Y con un pesado fardo de pobreza y de atraso de 53 años, que arde y quema sin dejar asomar los resplandores estimulantes del progreso y de los saltos cualitativos que las dinámicas del desarrollo material, humano y social imponen. 

Un contraste abrasador que se observa entre su precario desempeño económico y social y el potencial de sus abundantes factores de producción, tierras, ganados, recursos hídricos, energéticos, capital humano, hoy limitados en su productividad, uso, transformación y generación de demanda, empleo y riqueza, imprescindibles para coadyuvar de manera efectiva y expedita en reducir las agudas disparidades de orden social y humano que sitian e inmovilizan su tránsito por vías más promisorias.

A la vez que las de crecimiento y desarrollo económico integral, por falta de la implementación de un modelo económico modernizante que, teniendo como base los factores de producción que históricamente han sido la plataforma sobre la cual ha subsistido el actual, sea capaz de embocarlo por las dinámicas de la transformación, innovación y productividad, que imponen las circunstancias insoslayables de nuevos factores de producción, la ciencia, la tecnología, la innovación, las economías alternativas, las demandas y el consumo global en constante aumento.

En 53 cumplidos desde su “destete” de Bolívar, ha tenido nuestro tradicional modelo agropecuario, las vacas y la tierra, todo el tiempo, oportunidades, mercados, demanda, incentivos, para agregar valor a su inmutable producción de hace 200 años: el ternero y la leche cruda unos, y la tierra para pastos los otros, sin embargo no lo ha promovido. 

Cuánto ganarían y aportarían a Sucre sus ganaderos si, en vez de mandar los novillos en camiones a Medellín y la leche en carrotanques a Barranquilla y Cartagena, desarrollaran la cadena productiva de la carne y la leche en las tierras y ganaderías de su región, transformaran su incipiente producción de pastoril en industrial e implementaran la competitividad, la ciencia y la tecnología en los procesos de producción y sostenibilidad del hato ganadero.

Y si de la tierra, factor básico de producción en Sucre se trata, es imperativa la diversificación cualificada de su uso y destino para el emprendimiento agrícola complementado con la tecnología, el capital y la innovación y valor agregado que se traduzca en la generación de mayor productividad, empleo y mercados, al igual que en cadenas productivas agroindustriales que tengan incidencias en sectores como el pecuario, acuícola, piscícola y avícola.

Entre tanto, e igual que en su niñez, adolescencia y madurez, Sucre renueva por estas calendas luminosas de marzo, 53 años de las más sentidas frustraciones y carencias básicas de sus núcleos humanos: su Sistema de Salud Pública colapsado, el Hospital Universitario de Sincelejo, HUS, intervenido, las escuelas y vías rurales en ruinas, el agua de Sincelejo por goteo, sus municipios sin acueductos ni sistemas de alcantarillado y de recolección de basuras.

Sin embargo, oír de labios de un gobernador en ejercicio, Héctor Olimpo Espinosa, el primero en más de medio siglo, 53 años, que “Sucre sí tiene recursos para invertir”, que “este no es un departamento pobre”, sí que suena esperanzador. 

Así las cosas, esperamos los sucreños que, al finalizar sus cuatro años de gestión, el sol nos alumbre a todos, de frente y celebrando alborozados las calendas de marzo bajo el cielo luminoso, incluyente, de un Sucre diferente.

Quedamos expectantes con el Gobernador de Sucre. Y de los alcaldes, ¿qué?

* Poeta.

@CristoGarciaTap

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