Por: Víctor de Currea-Lugo

Sudán 'versus' Sudán

Cada país de la región tiene su propio calvario.

Sudán dividido es fruto de una guerra tan vieja como su historia nacional. En 1956, luego de décadas de control egipcio-británico, Sudán declaró su independencia. Al día de hoy son, por lo menos, tres las agendas pendientes: primero, el genocidio de Darfur, por el cual la CPI expidió en 2009 una orden de captura contra el dictador Al-Bashir, en el poder desde 1989; segundo, la democracia en todo Sudán: el miedo de Al-Bashir ante las protestas en el mundo árabe lo obligó a anunciar que no se presentaría para una nueva reelección; y tercero, la guerra entre el norte y el sur, sellada con el reciente referendo.

Las tensiones norte-sur estuvieron vigentes desde la época colonial por diversas causas. Desde los años 1950 hubo algunos brotes de insurgencia armada en el sur y una respuesta brutal por parte del gobierno central. En julio de 1983 empezó una nueva guerra: una revuelta en las filas del Ejército sembró la primera semilla del Sudan People’s Liberation Army (Spla, ‘Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán’). El gobierno le declaró la guerra al sur, el estado de emergencia y reformas al sistema judicial. Desde el comienzo, Khartoum, la capital, trató de presentar la violencia como de origen étnico y religioso, debido a la importante comunidad cristiana en el sur. En 1999 comenzó el auge petrolero y, luego de una guerra entre los rebeldes del sur del Spla y el Ejército sudanés, se llegó a un proceso de paz en 2005.

La lista de acuerdos y pactos firmados por el Spla y Khartoum es larga. En enero de 2005 se firmó el Comprehensive Peace Agreement (CPA, ‘Acuerdo de Paz Integral’) que planteó una distribución de los beneficios del petróleo entre el norte y el sur, control militar sobre el sur por parte del Spla, y constitución de un gobierno de coalición, tambaleante durante su corta vida. Como parte del CPA, se realizó un referendo en que el 99,57% de la población de Sudán del Sur decidió crear una nueva nación, la cual será proclamada hoy, 9 de julio, bajo el liderazgo de Salva Kiir. En enero de 2011, antes del referendo, se firmaron acuerdos entre el gobierno del sur y rebeldes comandados por el general George Athor Deng empujado por la nueva coyuntura.

Al-Bashir hubiera querido mantener, incluso mediante el uso de la fuerza, las tierras petroleras del sur. Sin embargo, aceptó el referendo en el marco de las revueltas del norte de África y de la orden de captura que pesa sobre él, emitida por la CPI. Su nueva estrategia es alentar una nueva oposición armada para boicotear a Sudán del Sur desde su propio nacimiento. Más allá de la violencia, quedan otras tareas pendientes en el sur: su unificación, la solución de eventuales tensiones étnicas y religiosas y un largo etcétera de expectativas. En días recientes, el conflicto tuvo un nombre específico: Abyei, población de la zona fronteriza rica en petróleo, dejada deliberadamente por fuera de los procesos de paz y ocupada recientemente por las tropas del norte, a las que el Consejo de Seguridad de la ONU les ha pedido que se retiren. Abyei es un buen resumen del conflicto: frontera con zonas en disputa, dos ejércitos que ganan posiciones y debajo de ellos un mar de petróleo.

PhD, profesor Universidad Javeriana

 

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