Por: Andrés Hoyos

Suecia versus la RDA

HACE POR AHÍ SESENTA AÑOS, EL grueso de la izquierda colombiana tomó de modelo a la RDA ("República Democrática Alemana", para los menores de 35 años) y a la URSS, no a Suecia.

Las razones que condujeron a este desatino histórico son fáciles de dilucidar. La URSS acababa de ganar la Segunda Guerra Mundial y poco se sabía de las devastadoras purgas aplicadas por Stalin contra su propia población. De otro lado, los socialdemócratas suecos y sus colegas occidentales no parecían interesados en exportar ideas, en contraste con los herederos de Marx y Lenin, que se libraron con ardor a promover el así llamado “internacionalismo proletario”, una forma de fanatismo religioso disfrazada de “sabiduría”. Otro factor preponderante fue que los rojos del este se declararon herederos fervorosos del telurismo romántico que dividía el mundo entre héroes y villanos, algo muy del gusto de nuestros ignorantes revolucionarios criollos. Los suecos iban por un lado distinto: habían aprendido a no confiar en teorías sanguinarias, habida cuenta de que les iba bien justamente porque la partera de la historia estaba desempleada en su país desde 1809, cuando Suecia vivió los coletazos de las guerras napoleónicas.

¿Cuál es la situación actual? Suecia es quizá el país más igualitario del mundo (tiene uno de los coeficientes Gini más bajos), lo que no ha obstado para que también sea próspero, mientras que su alternativa germánica fue arrojada al basurero de la historia en 1989.

La RDA era enemiga radical del libre comercio, política que engendró los Wartburg y los Trabant, dos modelos de automóvil casi prehistóricos, sobre todo si se comparan con los Mercedes, los BMW, los Volkswagen y demás marcas que se fabricaban —y se fabrican— al oeste de la frontera. La socialdemocracia sueca tuvo el tino de no comprar nunca esa fobia mamerta y sus gobiernos han sido partidarios pragmáticos del libre comercio desde hace mucho tiempo. Para ellos, la frontera entre izquierda y derecha no se traza en esa materia.

Lo otro que quizá sorprenderá a los lectores es saber que en Suecia tampoco vuela el dogma de la RDA según el cual las empresas de servicios públicos tienen que ser propiedad exclusiva del Estado. Antes al contrario, en los años 90 Suecia fue uno de los primeros países europeos en convertir los monopolios estatales en empresas mixtas y privadas, tanto en telecomunicaciones como en generación y distribución de energía, procediendo con la debida cautela y por etapas. Contrastemos esto con los avatares de nuestra ETB local, cuya consecución de un socio estratégico ha sido imposible debido a la guachafita armada por los devotos de la vieja dogmática, a quienes poco les importa que por el camino surjan Guavios, uno tras otro. En Suecia, una empresa como la ETB hace décadas sería mixta, o incluso privada.

¿En dónde reside la diferencia crucial? En que la tasa de impuestos que cobra el Estado sueco es más del doble de la que efectivamente se paga en Colombia, y como los impuestos recaen sobre empresas y ciudadanos prósperos y productivos, el Estado sueco es rico y puede sostener un régimen de bienestar con el que acá ni siquiera alcanzamos a soñar.

Los suecos hace mucho acogieron como suyo el célebre postulado de Deng Xiao Ping y se pusieron a observar cuáles gatos cazaban ratones y cuáles no, sin importar el color. Los frutos están a la vista, mientras que aquí seguimos enfrascados en reyertas pueblerinas.

*andreshoyos@elmalpensante.com

 

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