"Si vamos a decidir sobre la vida y la muerte, vamos a hacerlo juntos": Claudia López

hace 7 horas
Por: Aura Lucía Mera

“Sueño de una noche de verano”

En 1598, William Shakespeare escribió la comedia más misteriosa y popular de todas sus obras, la cual se extendió por el mundo en cientos de versiones en teatro, ópera, ballet, cine, incluyendo al compositor Mendelssohn, quien escribió la música, lo que la convirtió en un verdadero acontecimiento cultural que ha seguido vigente a través de los siglos.

Shakespeare se sale de sus obras arquetípicas y, basándose en la observación de la vida cotidiana, entrelazándola con el mundo mágico de las hadas y los humanos entrampados en las redes del amor y la tragedia, crea una obra dentro de la misma obra, que ensayan artesanos y campesinos para celebrar una boda real. El casamiento es el de Teseo, duque de Atenas, con Hipólita, reina de las amazonas. Allí recrea sueños y realidades que se suceden en el solsticio de verano, bajo una luna llena, la llamada Noche de San Juan.

Recuerdo haberla visto en Londres, de estudiante, y muchos años después en la misma ciudad en Hyde Park, un 24 de junio, al atardecer, con miles de espectadores sentados en la hierba alrededor del escenario.

Supe que el Colegio Nueva Granada se le mediría al reto y que dos de mis nietos tendrían roles protagónicos. Hermia y Bottom, convertido en burro. Apenas reponiéndome de la cirugía de mi segunda catarata, agarré avión y llegué de sorpresa a la presentación.

Quedé deslumbrada al ver cómo el colegio logró adaptar esta obra difícil y llena de metáforas, con larguísimos parlamentos, muchos de ellos en inglés antiguo, en una presentación impecable, divertida, satírica y llena de magia, sin perder su esencia ni sus mensajes que dan para meditar sobre el amor, el destino, la tragedia, los celos y la picaresca que encierra la vida.

Traigo el tema a colación porque quedé emocionada al comprobar que los colegios de esta generación, que apenas se asoma a la vida, le vuelven a dar importancia a la educación humanística, perdida en la generación pasada. Recuperación que se da en medio de este cataclismo tecnológico, donde se han perdido los valores de la lectura, la filosofía y la historia para privilegiar la inmediatez del lenguaje virtual, lleno de memes y frivolidades, lo que ha dado como fruto la falta de liderazgo a nivel mundial. Basta con ver los trumps, bolsonaros, maduros y otros, especímenes que nos tienen al borde de la hecatombe final, porque su objetivo vital es la economía y los demás valores no existen. Poder y dinero. Mafias y corrupción. Violencia y guerras.

Encontrar a Shakespeare en el Colegio Nueva Granada enciende una luz de esperanza. Sus intérpretes son todos menores de edad y ya cuentan con un conocimiento grande de obras épicas, la literatura clásica y cómo hacer una interpretación escénica impecable. Resultado de disciplina y educación en valores inmutables.

Me llamó la atención, y eso afirma mi teoría, que quienes más disfrutamos la obra fuimos los abuelos, los de esa llamada tercera edad, que nos educamos en bases sólidas de literatura, filosofía, historia antigua y contemporánea. Estábamos familiarizados con los mitos griegos, en fin, con la humanidad humana. Los padres entendieron muy poco y salieron a mirar en Google el significado de la comedia shakespeareana. En sus años escolares no se veían esas materias.

Posdata. Felicitaciones al Nueva Granada y a ese grupo de jóvenes interesados en la actuación y el estudio de los clásicos universales. No todo es Batman y zombies, ni tuits, ni influencers de cabello largo e ideas cortas. ¡No necesito explicar más!

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2020-01-28T00:00:00-05:00

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2020-01-28T00:45:05-05:00

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“Sueño de una noche de verano”

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