Por: Antonio Casale

Sueños juveniles

A José Pékerman le cayó el mundo encima en Alemania 2006 cuando decidió sentar en el banco de suplentes a un joven llamado Lionel Messi, en especial en aquel partido de cuartos de final en el que su selección, Argentina, quedó eliminada.

Desconozco las razones que habrá tenido don José para haber tomado esa decisión. Lo cierto es que ocho años después, estando al frente de la selección de Colombia, no le ha temblado la mano para jugársela por los jóvenes y, lo mejor, ellos le han respondido en la cancha.

Juan Fernando Quintero, de 21 años, ingresó al campo en el juego frente a Costa de Marfil cuando las papas quemaban y decidió el partido con su gol y con la asociación juntó a James Rodríguez, de 23 años quien es, a todas luces, una de las grandes figuras de esta selección. Cuadrado, de 25 años, es un jugador de un nivel superior, y Arias, de 22, no ha sido inferior a la responsabilidad de jugar con perfil cambiado para reemplazar a Armero cuando ha sido necesario. Lo anterior para no hablar de Ibarbo, de 24, que se ha convertido en la gran revelación de este equipo a última hora.

Ninguno de los citados anteriormente ha llegado a su madurez deportiva, que en la mayoría de los casos en el mundo se presenta cuando se tienen entre 25 y 30 años. Hay futuro, es cierto, pero el presente ha dado para marcar la historia del fútbol colombiano con letras juveniles de oro en esta copa.

De un mundial se quedó por fuera Iván Ramiro Córdoba por joven, de la pasada Copa América se quedó en la casa James Rodríguez por lo mismo. Interminables serían los ejemplos de casos en los que los pelaos se han quedado con las ganas de comerse el mundo, como esa etapa de la vida lo exige.

Es cierto que no se es bueno por joven o por viejo, sino por bueno. Pero Colombia es un país que tradicionalmente ha sido temeroso de los recambios. Esa es otra razón por la cual esta selección nos sigue invitando a soñar con más, y no solamente en materia futbolera.

 

 

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