Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Suesca no come cemento

Quien va con propósitos ecoturísticos a Suesca (Cundinamarca) se espanta al ver la cementera, situada a 300 metros de la plaza principal, pues recrea visualmente la horrorosa era de expansión industrial del siglo XIX en Inglaterra.

Esa gran fábrica es un hecho reciente (2002) que resulta de la pobreza de las comunidades, la incapacidad de sus dirigentes, la precariedad de la gestión ambiental a diversos niveles y la gran falta de responsabilidad social y ambiental del empresario. Nicanor Restrepo les debe “jalar las patas”. Un empresario responsable y visionario como él no habría ubicado allí una fábrica de cemento.

En el siglo XIX, durante el capitalismo salvaje, las fábricas eran bienvenidas por las comunidades pues, aun siendo grandes moles contaminantes, generaban empleo. Esa misma reacción tuvieron los habitantes de Suesca cuando se inició la construcción de la cementera y quienes intentamos oponernos fuimos señalados de inconscientes y desarraigados. “Ustedes, como no necesitan trabajo de albañiles o celadores, son indiferentes para con el desarrollo. La cementera traerá mucho empleo”, nos dijo furiosa una señora durante una reunión de la Junta de Acción Comunal de Guita, una vereda desde donde se observa el monstruo contaminante.
La fábrica y la intensa actividad de las tractomulas destruyen carreteras, agrietan casas, empolvan los cultivos, degradan la calidad de vida y frenan el turismo que viene buscando las rocas de escalada, los monolitos de piedra, su antigua iglesia, las aguas termales, los paseos a caballo y en bicicleta, en medio del aire limpio de un paisaje rural en riesgo. Cemento y tractomulas amenazan el potencial ecoturístico del municipio, eje de su actual plan de desarrollo.

Uno de los fundadores de Davivienda, Gabriel Humberto Zárate, quien es miembro principal de su junta directiva para el período 2013-2015, es el gestor principal de Cementos Tequendama. Paradójicamente, Davivienda tiene basada su propaganda institucional en que son un banco comprometido con la sostenibilidad y el futuro. Su publicidad dice: “En Davivienda trabajamos bajo un modelo de negocio ambientalmente correcto, que nos permite optimizar los procesos y mitigar los impactos negativos directos e indirectos que produce nuestra actividad”. Los artículos recientes de Semana, El Espectador y otros medios masivos muestran el horror gráfico, ambiental y social que significa la presencia de la fábrica de Cementos Tequendama en el casco urbano de Suesca. Zárate y Davivienda están en el lugar equivocado.

Dentro del millonario portafolio de créditos de Davivienda a Cementos Tequendama, en el contexto de su línea de crédito verde, es necesario que defina un crédito para trasladar esa cementera, pues el desarrollo y el bienestar del municipio no pueden ser destruidos por una fábrica y la extracción de arenas sílicas para su abastecimiento. Extracción que hoy está frenada por la CAR dadas las recientes protestas ciudadanas y los argumentos legales presentados por la comunidad, que ya no se come el cuento de las bondades de la cementara en el pueblo. Prosperidad para todos significa calidad de vida y sostenibilidad. Ahora la comunidad defiende sus derechos y se organiza. Estamos en el siglo XXI, señor Zárate.

Twitter: @Juparus

 

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