Por: Mario Fernando Prado
Sirirí

Sufre, Cauca, sufre

Yo no sé qué mal le ha hecho el departamento del Cauca a Colombia para ser tan de malas en los últimos años. Interminable sería el rosario de insucesos que han soportado sus habitantes con estoicismo y valor innegables, y todo no sé si por haber sido cuna de más de 15 presidentes de la República y de representativos dirigentes políticos, parlamentarios y diplomáticos cuyo paso por el poder, en muchos casos, no dejó la menor huella en favor de su territorio.

Se dice que popayanejo o caucano que prueba Bogotá se olvida de su terruño, al que sólo vuelve para conseguir votos y para recibir una que otra medallita, y son contados aquellos fieles a sus raíces y que no actúan de manera desagradecida.

A lo anterior hay que agregar el deterioro social que padece esta excelsa región colombiana, lo que ha degenerado en serios enfrentamientos armados en donde han prosperado las peores formas de violencia e intolerancia, tales que hoy existe un problema gigantesco con las comunidades indígenas, la tenencia de la tierra, los prósperos cultivos ilícitos y la presencia guerrillera, que no cesa sus acciones, entre muchas otras dolencias que la aquejan y la acuscamban.

Lo más reciente —que no lo último— es lo que se ha venido formando con las disidencias de las Farc que están dedicadas a la delincuencia, asolando poblaciones, y que se hacen pasar por grupos subversivos delinquiendo permanentemente con las extorsiones y los secuestros exprés.

Aunque la autoridad dice que este fenómeno de las disidencias se da en todo el territorio nacional, tratando de calmar los temores de los propietarios de pequeñas parcelas y los comerciantes de municipios y corregimientos, el clima de zozobra es total por la insuficiencia de la autoridad policiva que no da abasto para atender tantos casos que se presentan de manera permanente y, lo peor, creciente.

Otra pata, pues, que le sale al cojo —como dicen— en este territorio donde la paz sigue siendo esquiva y en donde no se avizoran soluciones distintas a la Fuerza Pública, que, repito, por allá está bien, pero bien escasa.

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